Costumbristas
¿En qué pueblo o aldea no existe un tonto que podría decirse oficial, hazmerreir y tema de conversación de los paisanos? De él se ocupan con júbilo los cronistas de feria. A simple vista, la vida de una ciudad camina por necesidades apremiantes del tiempo queno se detiene, sin embargo hay quien piensa que nada se moviera.
Mirar por el espejo retrovisor sería una de sus metáforas más ajustadas. En contra de lo que dicen los soñadores de utopías el conflicto social nunca se acaba. Los ricos para mantener sus riquezas. Los pobres para sobrevivir como pueden. Y entre los encargados de suavizar la tensión de las clases sociales están los demagogos hablando de paraísos artificiales.
Peor que estos son los costumbristas. Se pirran por contarnos lo que pasó en los más remotos siglos sin que se les caiga de la boca los supremos valores de la tradición. Las costumbres legadas por nuestros mayores son para ellos como el vino, cuanto más tiempo esté en la bodega más genuina será nuestra esperanza de vida. Por supuesto esta gente no puede ver a los predicadores del cambio Tiene a Heráclito colgado de un clavo como si fuera un pernil al oreo. Antes de la guerra civil, el comediante que hizo reir a la burguesía madrileña fue Carlos Arniches.Sus personajes fueron los que encarnaban esa filosofía que consiste en mirar para atrás.
Terminada la contienda, la filosofía la asumieron los personajes de cine de barrio. ¿Quién no recuerda a Tony Leblanc dando el timo de la estampita entre retorcimientos de baile de San Vito? ¿Quién no se divirtió con sus galopadas de de atleta entre el gimnasio y la Casa Campo, vuelta a empezar?
El costumbrismo tiene un secreto y son los versos del gran poeta Jorge Manrique :“Cómo a nuestro parecer/ cualquier tiempo pasado fue mejor”.
Parecer ¿de quíén? De los que se enriquecieron con Franco. De los que piensan que estábamos mejor fuera del Mercado Común Europeo. De los nacionalistas que creen que España nos roba y se apuntan a un club de sardana s en Andorra. De los que se lamentan de que haya toros sin tener que matarlos. De los que esperan la feria del pueblo para dar rienda suelta a su deseos de progreso bailándose un chotis como está mandado. En fin.