La Voz de Almeria

Opinión

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Uno entiende la aspiración a la equidistancia en un sentido más geométrico que político, puesto que en los asuntos del gobierno y de las cosas es imposible guardar siempre el punto de perfecto equilibrio. Lo digo porque aunque resulte encomiable su búsqueda, las cambiantes latitudes y longitudes del escenario político hacen inviable el discurso de la ecualización centrocentrista.


Dicho esto, siempre queda recordar la opción de una tercera vía que, casi siempre, consiste en tirar por la calle de enmedio y que salga el sol por donde sea. Este es el caso de la propuesta de Ciudadanos de hacer caer sobre el Ayuntamiento la factura de la conversión de la Casa del Mar en el Centro de Salud que debería haber acometido la Junta de Andalucía hace ya seis o siete años. Sobre el papel, la idea de arrancar a hacer algo porque es necesario aunque no corresponda, es siempre plausible y refleja determinación, coraje y múltiples virtudes. Ahora bien, conviene recordar que el Ayuntamiento no es la piscina de dinero del Tío Gilito, ni tampoco la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Es decir, que ese dinero que nos va a costar hacer algo que a quien le corresponde –la Junta- no le da la gana hacer, habrá de salir de algún lado. ¿De dónde? Suelte el periódico y tóquese el bolsillo. ¿Nota su cartera? Pues justo de ahí. A la incomodidad del desembolso se añade el factor de riesgo. Y es que la moción contempla que la Junta ya lo pagará cuando pueda. Y se antoja complicado pensar que una administración, a la que no se le muda el color de la cara por acumular ya una deuda con el Ayuntamiento de cerca de diez millones, vaya a darse mucha prisa en pagar. Ojo, que no digo que no vaya a suceder. Todo puede ser en esta vida. Incluso que el Ayuntamiento de capital andaluza menos endeudado (89 millones de Almería frente a 638 de Málaga) acabe en la puñetera y geométrica ruina.


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