Un concejal de la bella Carboneras dona su sueldo a Cáritas
Lo primero es agradecer en el nombre de todas las personas necesitadas y que son atendidas por Cáritas Almería ante ese gesto de donar los mil trescientos euros de su primer sueldo como político en el ayuntamiento. ¡Un abrazo, don Pascual! ¡Se ha portado usted! Muchos políticos nos harían falta con esa o parecida sensibilidad a la hora de la gobernación. Lo que nos tendría que explicar el señor Díaz Hernández, no queda muy claro en la información dada a conocer, es si la donación de los mil y pico de euros era por sólo un mes (el primero a cobrar) o se va a mantener en el tiempo. Para que nos aclaremos señor concejal: ¿La donación ha sido sólo de su primer sueldo o ha dado orden al ayuntamiento para que todas las asignaciones a pagarle a usted sean ingresadas en la cuenta de Cáritas? No es lo mismo ceder los primeros mil trescientos euros, que donar esos mismos multiplicados por los cuarenta y ocho meses que va a estar con su acta de edil en la actual corporación, más cualquier otro ingreso a recibir por su cargo. ¿Nos lo podría aclarar? Muchas gracias, don Pascual. Con su gesto se ha ganado el señor Díaz Hernández el respeto de algunos vecinos (de dentro y fuera de su pueblo) y el odio de algunos compañeros políticos (no sólo de Carboneras) a los que ha dejado usted con las vergüenzas al descubierto. Y eso, entiéndalo, no le ha gustado al personal. Una vez vale, pero siempre, no se admite. Ejemplos como el suyo no son muy bien vistos entre la casta política. No es bueno para sus causas el que alguien como usted decida trabajar gratis para sus vecinos y donar sus emolumentos a una Ong. Perdóneme don Pascual, pero no le arriendo la ganancia en la carrera política si persiste usted en dar su sueldo como concejal a Cáritas. La casta que nos gobierna en cualquier administración (ayuntamientos, diputación, junta o gobierno central) no se puede permitir caballeros andantes como usted, que andan repartiendo su soldada entre los necesitados. Lo quiera o no está entre los que piensan y sienten que la caridad mejor entendida es la que comienza por ellos mismos y sus familias, sus amigos y colegas de partido.
No le queda más remedio que seguir cobrando los mil trescientos del ala, llevárselos a casa y después, sin darle tres cuartos al pregonero, ser o no ser el Robín de Carboneras.