Benditos pactos
Desde el 24 de mayo en que queda fijado el nuevo tablero político, vengo leyendo ironías y amargas reticencias contra los pactos como si eso fuera el endemoniado ovillo que pinta Peridis en su tira diaria. Es verdad que el entendimiento entre partidos no es fácil, sobre todo cuando tropiezas con un botarate que no sabe lo que quiere. Los nostálgicos de la mayoría absoluta todavía son más rocosos para el encaje de bolillos, acostumbrados como están a no escuchar a la oposición, y si la escuchan da lo mismo, ellos indiferentes como el que ve llover. Ya puede pedir el PSOE que Rajoy vaya al Parlamento a explicar algo sobre Bárcenas. En seguida se reúne la ejecutiva de su partido y decreta que el presidente no tiene que explicar nada. Pero por fortuna el pueblo español se ha inclinado por al menos cuatro partidos, no dos como antes. Entonces no hay otra salida racional que acercarse a ver qué es lo que quiere el de enfrente. El asunto ha sido objeto de muchos chistes porque la cara de algunos prebostes ha pasado de altanera a meliflua, de mandar a paseo al contrincante a postrarse ante él con dulces arrumacos de vieja como si fuera una dulce Celestina que le lleva el desayuno. Y luego están los intereses ocultos de cada partido. El negociador, por muy buena voluntad que tenga, tropieza siempre con la retranca incomprensible del que tiene delante. En este sentido tanto Ciudadanos como Podemos se han mostrado a veces demasiado exigentes. Menos mal que pese a todo comprendieron al fin que no hay otro camino. Faltan pocos días para el día 13, sábado, y parece que ya comienzan a encajar las cosas tanto en ayuntamientos como en autonomías. Los anunciadores de catástrofes no pierden ocasión de anunciar truenos. En esto como en tantas cosas destaca Esperanza Aguirre quien ha pasado por casi todo: desde ver soviets por todas partes a pedir una segunda vuelta de elecciones. Cualquier cosa con tal de impedir que Manuela Carmena sea alcaldesa de Madrid. Y no le va en zaga su propio partido respecto a las negociaciones andaluzas. El PP ha terminado por pedir otro candidato en sustitución de Susana. La repanocha. Se queja Rajoy de que su partido no sabe comunicar. Lo que no sabe es negociar. A ver si con el tiempo aprenden.