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Almería, en alerta por el calor extremo: científicos identifican los pueblos con más riesgo de la provincia

La escasez de refugios climáticos y el difícil acceso a estos y la urbanización en la costa, los principales problemas

Mapa del estudio en el que se identifica que más de la mitad de la población andaluza reside en zonas prioritarias para actuar frente al calor extremo.

Mapa del estudio en el que se identifica que más de la mitad de la población andaluza reside en zonas prioritarias para actuar frente al calor extremo.La Voz

Miguel Antonio Rodríguez Cárdenas
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Las olas de calor son cada vez más habituales en España y Almería no es ajena a esta situación. Pero el problema del calor va más allça de las altas temperaturas y así lo ha hecho evidente un estudio científico elaborado por la Universidad de Almería, la de Granada y la de Málaga y en el que se ha puesto de manifiesto que más de la mitad de la población andaluza reside en zonas prioritarias para actuar frente al calor extremo.

Y es que no olo el mercurio de los termómetros representa una amenaza real para un gran número de almerienses, pues son miles de vecinos de la provincia los que viven en zonas donde protegerse del calor es una tarea complicada y los habitantes son más vulnerables a la consecuencias del calor extremo.

Urbanización intensiva

Aunque Almería no es la provincia andaluza donde se registran las temperaturas más extremas, gracias a ser un territorio costero donde el mar ayuda a regular el clima, sí ocurre que los almerienses no lo tienen nada fácil para protegerse de este mal consecuencia del cambio climático. Y en este sentido, la provincia presenta importantes debilidades.

Así lo ha dejado claro la investigación, en la que se ha analizado de manera conjunta el peligro térmico, la vulnerabilidad social y la accesibilidad a los refugios climáticos, lo que ha revelado que un gran número de zonas almerienes presentan una situación complicada. No por el calor extremo, que se concentra en provincias del interior como Sevilla, Córdoba o Jaén, sino por lo complicado que es en algunos puntos de la provincia acceder a espacios donde refugiarse de este calor.

Sin refugios climáticos

En este sentido, el litoral mediterráneo, donde figuran Almería, Málaga y Granada, es uno de los puntos más vulnerables debido a la combinación de varios factores que agravan la situación durante la olas de calor: una elevada densidad urbana, una fuerte artificialización del suelo y una acumulación constante de calor, tanto de día como de noche. A esto se suma un elemento clave: la falta de refugios climáticos cercanos o fácilmente accesibles a pie. Como resultado, grandes áreas del litoral concentran mucha población expuesta a las altas temperaturas y con pocas alternativas inmediatas para aliviar el estrés térmico.

Otro de los puntos de la provincia que más preocupa es el Poniente almeriense, una comarca donde el crecimiento urbano de los últimos años ha superado con creces la capacidad de planificación y prestación de servicios, con grandes urbanizaciones de baja densidad que ha generado un territorio más disperso, con mayores distancias entre viviendas, equipamientos y espacios públicos. Una situación que ante el calor extremo se traduce en que el acceso a los refugios climáticos no es, ni mucho menos, inmediato.

Desigualdad social y territorial

Lejos de la costa, el interior también se muestra vulnerable ante situaciones de altas temperatutas. Aquí, lejos del mar, la menor cobertura de servicios y la dispersión de la población dificultan la implantación de redes eficaces de protección frente al calor, por lo que estas onas presentan condiciones que pueden aumentar el riesgo, más cuando se trata de personas mayores o con menos recursos.

Y es que, como resalta el estudio, aunque en Almería pueda hacer menos calor que en otras provincias andaluzas, lo que sí es más complicado es refugiarse y protegerse cuando se alcanzan temperaturas extremas. Así, destacan los científicos de las universidades andaluzas, el problema del calor extremo en Almería no puede medirse solo en grados centígrados, sino también en la imperiosa necesidad de reforzar la red de refugios climáticos, mejorar su distribución y minimizar las desigualdades territoriales y sociales.

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