No tirar al niño con el agua después de bañarlo
Ciudadanos se erige en lo que parece ser su vocación: árbitro. La preguntas están claras. ¿Pactarán sí o sí con el partido más votado o lo harán, independientemente de los resultados, con cualquier partido o partidos para sumar una mayoría de gobierno suficiente? ¿Qué condiciones van a poner, además de las ya sabidas (evitar la corrupción, ningún imputado en las listas)? Ya llega el calor, no está de más mojarse.
Luis Rogelio Rodríguez-Comendador sigue siendo el candidato preferido de los almerienses, pero ha perdido cinco concejales. Su descenso es similar al de otros alcaldes populares del país. Es el contexto general. Ni las inauguraciones o puestas en marcha de museos y otras infraestructuras que ha realizado en los últimos meses el regidor le han valido para obtener una gran mayoría como deseaba. Visto lo visto, los alcaldes tienen que cambiar sus formas, ceder, dialogar, llegar a pactos y acuerdos. De hecho, si quiere continuar siéndolo, o llegar a serlo, va a ser en gracias a la cintura que muestre y al poco dogmatismo programático que exhiba. Luis Rogelio está dispuesto.
En el PSOE lo tiene claro. Juan Carlos Pérez Navas repite una y otra vez: toca escuchar, tender la mano y buscar acuerdos para que el cambio sea posible en Almería. Han tocado retreta para el desalojo de alcaldes del PP en la provincia.
Desde Izquierda Unida, se consideran “tíos y tías” serios, al menos Rafael Esteban, y cuando de cambios se trata es muy consciente que un pequeño cambio inesperado, si comienza a rodar, puede desatar un derrumbamiento de la montaña.
Sebastián Brant escribía en La nave de los locos aquello de tener cuidado en “no tirar al niño con el agua después de bañarlo”. Pues ese es un riesgo. Como no se pilote serenamente esta nave de los locos en la que navegamos, tiraremos cosas muy importantes por el desagüe y, lo que es peor, algunas necesarias para poder cambiar con éxito.