A qué espera el señor Gavira en Almería
A qué aguarda el vicepresidente de la Junta, este abogado gaditano y parsimonioso, aficionado a los trajes de Emidio Tucci, para nombrar delegado de Justicia y Turismo en la provincia

Manuel Gavira, vicepresidente de la Junta de Andalucía.
Es usted un hombre parsimonioso, señor Gavira, como ese portero que no se tira en el penalti, que aguanta hasta la última décima de segundo sin pestañear; tiene usted los ojos achinados bajo esas pestañas, como un nepalí heredero de saberes milenarios; es usted un hombre, un político, por tanto, que no tiene prisa: Almería no tiene delegado de Justicia y Turismo desde hace casi dos meses. Pero usted no se pone nervioso ni da explicaciones de esa ausencia inexplicable. Debe usted pensar que Almería sigue siendo una ínsula medieval del Reino de Granada y que debe estar gobernada justiciera y turísticamente por el sultán granadino López Suárez Almería es paciente, pero todo tiene un límite. Su sosiego para nombrar un delegado o delegada del ramo ha hecho estallar incluso al flemático juez Columna, presidente de la Audiencia, que ha saltado, aguerrido, a la arena, mostrando su preocupación: “No podemos estar sin delegado, estamos parados”, más parados que un caballo de cartón.
A Almería, por la actitud contemplativa del señor Gavira, le falta un interlocutor con los jueces, los fiscales, los abogados, los procuradores, desde que cesó Rebeca Gómez y eso dificulta la ya morosa justicia. “Ni me ha llamado por teléfono”, ha dicho enfadado Columna, refiriéndose al señor López Suárez. Tómese aunque sea un café con Columna en el Colombia, señor delegado granadino. Este mes de agosto se rompió el aire acondicionado en los juzgados y no supieron qué hacer, porque no había nadie con mando para firmar la factura del arreglo, mientras se achicharraban los oficiales y secretarios. Hay obras a medias en el edificio de la Audiencia, pero no hay jefe para firmar los certificados.
En Turismo ocurre lo mismo: los operadores del gremio, los hoteleros, no tienen con quién parlamentar, a quién dirigirse, más allá de ese delegado que vive en la metrópoli nazarí.
Parece que no ha nacido ningún almeriense que pueda ocupar plaza de delegado de Justicia y Turismo, a pesar de la cantera que tiene en la provincia Vox, el partido verde, a pesar de contar con tanto cachorro pendiente de ese hueso. Qué se estará cociendo en el seno y el coseno de Vox, en la sede madrileña de la calle Bambú. Quizá sea el propio Abascal el que esté jugando a los dados con el nombramiento almeriense.
Gavira nombró a un almeriense, Benito Gálvez Rabadán, como director general de Justicia, pero no termina de designar con su índice blanco al delegado de Almería. A qué espera el señor Gavira, con apellido de histórica ganadería de reses bravas, con su porte impoluto de abogado gaditano, con su aspecto maqueado de Emidio Tucci. El trono de Justicia y Turismo en la calle Gerona sigue desocupado, pareciéndose cada vez más a aquella histórica vacante en San Pedro, a la muerte Clemente IV, cuando los cardenales, en un cónclave a pan y agua, tardaron tres años enteros en nombrar nuevo Papa.