Las plazas del Conservatorio vienen marcadas por Sevilla
Ni en la música pintamos o tocamos algo los almerienses ante la díscola Junta de la lejana Sevilla. No lo digo yo, lo manifiesta la delegada de la Junta por estas tierras y responsable de que nuestros hijos y nietos toquen o no toquen el dichoso pito. La señora Arévalo, la responsable del pito, ha dicho, y no le han temblado las canillas, que las plazas del conservatorio de Almería son las que son y que no hay más. Recreándose en el lance, vamos. Apuntillando lo dicho por si no lo habíamos entendido, con un: “las plazas del conservatorio de música vienen marcadas por Sevilla”. Orejas y rabo para la delegada. Sublime en el final de la faena. A hombros, que la saquen a hombros los capitalistas por la puerta grande de Vilchez.
Siempre manda Sevilla. No somos nada señor pianista. Los almerienses no podemos ni marcar el número de plazas de nuestro conservatorio para los críos. Eso lo tienen que hacer los nuevos señoritos de Sevilla. ¿Y para eso queremos la autonomía? Para que Sevilla nos diga lo que tenemos que hacer con nuestras vidas, haciendas y hasta con los estudios musicales de nuestros hijos. Andalucía necesita dar el salto que se merece, decía la sultana trianera hace unos días, pero los jóvenes almerienses que quieren tocar la flauta el salto lo deberán hacer a otra comunidad si quieren que la flauta suene y no por casualidad. En Almería la flauta de Bartolo sólo la toca quien dice doña Susana.
Me cuesta trabajo saber a dónde nos va a llevar ese salto tan pregonado por la presidenta, pero sabemos que a nuestros hijos y nietos no los va a llevar a ser lo que quieren: Músicos con mayúsculas. A lo más callejeros o de estación de metro. La siempre Sevilla marca unas plazas para el conservatorio de Almería y no está por la labor de aumentarlas. Y yo entiendo que no se pueda hacer de un día para otro, lo entiendo señora Arévalo, pero que no se prevea un aumento ni para el próximo curso me parece de aurora boreal. Y ahí andan ustedes. Con estos saltos que nos propone Sevilla más vale que tengamos cuidado, no sea que nos topemos con el negro abismo que suponen estos infusos políticos que se creen con los dones del flautista de Hamelin y acabemos cayendo en el hoyo político de sus negruras o en el silencio al que quieren llevar a nuestros jóvenes músicos.