La Voz de Almeria

Opinión

'Torbellino de colores', Rosario Soto

Se mueve como un remolino la presidenta del Puerto de Almería anunciando obras nuevas

Rosario Soto, presidenta de la Autoridad Portuaria, en la presentación del proyecto del Muelle de Poniente.

Rosario Soto, presidenta de la Autoridad Portuaria, en la presentación del proyecto del Muelle de Poniente.JUAN SANCHEZ

Manuel León
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‘Torbellino de colores’, llamó José María Pemán a Lola Flores, inmortalizándola para siempre. Almería, a tenor de su frenética actividad, tiene otro torbellino -por ahora no inmortal- un torbellino portuario, un torbellino que se llama Rosario. Se mueve como un remolino la presidenta del Puerto de Almería anunciando obras nuevas en nuestro Portus Magnus, presentando planos confitados de bancos para jubilados, de zonas infantiles, de jardines babilónicos junto al mar; se mueve bien Rosario, impetuosa como un tifón asiático, dando a conocer cómo será el frente marino de Almería en los próximos lustros, rescatando el Puerto de Almería para la ciudad. Rosario sustituyó a Jesús Caicedo y no ha parado de moverse: ha niquelado el viejo Dique de Levante, por donde llegó Alfonso XIII, ha construido una nueva sede de la Autoridad Portuaria sin remilgos con el Dekton de Cantoria, ha empezado a abrir la dársena a los almerienses, tumbando verjas, como si Almería fuera Gibraltar. Se mueve mucho, Rosario, elegida por un gobierno autónomo, pero empleada de alta dirección de un gobierno central con fértil remuneración.

Hubo un tiempo en el que este puerto decimonónico fue playa y balneario El Recreo y Club de Regatas y después, ese mismo Muelle, solo se concibió como un lugar de brega económica, de reatas de mulas, de barriles de uva, de tinglados de esparto y mineral y de penachos de humo de los vapores. Después, la Almería uvera y minera languideció y solo quedó el Melillero que anclaba con mucho contrabando escondido en las gabardinas; solo quedó un puerto venido a menos, con mucho espacio para los paseos dominicales de punta en blanco y para que los jubilados echaran el sedal. Hasta que cerró puertas, como si fuera un calabozo, cuando se convirtió en Punto Transfronterizo Internacional y de nuevo Almería perdió su puerto como lugar de holganza.

Hasta que han pasado los años y las generaciones y ha llegado esta Rosario a fantasear un Puerto como un Parque de Atracciones: el Cable Inglés recuperado, la modernización de los tinglados y lo que está por llegar: 24 millones de euros para la fase principal del Puerto-Ciudad con la urbanización del Muelle de Levante, la reurbanización de las Almadrabillas (solo falta que desaparezca la peste) hasta el Club de Mar y la ampliación del puente. Y hay también en lontananza un atractivo proyecto de área de servicio en la entrada de Poniente, con un restaurante, nuevos aparcamientos y un supermercado, que gestionará Olivencia, cuando también se mejore la entrada de la N-340. Mucha ilusión y buenas vibraciones. El Puerto promete ser más amable para los nativos y para los que llegan y se van al Norte de Africa y para los cruceristas y navieras, a las que habría que exigir escalas más largas para que aflojen un poco más el bolsillo en la ciudad.

Tiene trabajo por delante nuestra presidenta del Puerto, mucho seguimiento que hacer nuestro ‘Torbellino de Colores’ para que todo sea como se ha pintado, para que Almería pueda mirar por fin a su mar latino; y tiene que hilar fino para que esa dársena sea, al mismo tiempo, lugar de ocio y de negocio. Y puestos a soñar: acometer, aunque pueda parecer el cuento de Alicia en el país de las maravillas, un ambicioso soterramiento de la Vía Parque. Le queda también hacer realidad el almacén de las segundas ventas junto a la lonja pesquera y quizá pensar en devolver los terrenos del faro de Garrucha a su dueño moral.

La OPE está siendo un éxito y la carga portuaria, por otra parte, va como un cohete con un crecimiento del 10% sobrepasando los 3 millones de toneladas hasta junio, aunque caen las ventas de pescado un 35%. Bien se diría que esta Rosario, como aquella Lola Flores de Pemán, se gana su sueldo con creces. Ha cambiado -está cambiando- con brillantez el Puerto que patronea, para hacerlo más humano, como hizo Málaga con el Muelle de Heredia hace muchos años. Será otro Puerto, el de Rosario, con hitos históricos como López Guillén o Ronco que son eternos en esa explanada nuestra. 

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