La Voz de Almeria

Opinión

Los médicos que no aman a los almerienses

Por qué sí la Arrixaca y no Torrecárdenas; por qué sí Capitán Haya y no La Inmaculada de Huércal-Overa; por qué sí el Universitario de Toledo y no el Hospital de Poniente

Acceso al Hospital Materno-Infantil de Torrecárdenas, en Almería.

Acceso al Hospital Materno-Infantil de Torrecárdenas, en Almería.Europa Press

Manuel León
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Almería, a la que llamaban la ínsula de la Península por la atávica falta de caminos (Echegaray, Brenan, Pedro Antonio de Alarcón), no puede convertirse también en un islote sanitario. Y sin embargo hay cifras que aturden: aunque Almería se acerca a los 3.000 médicos en activo, continúa situándose entre las provincias andaluzas con menor ratio de facultativos por cada 1.000 habitantes. Esta semana hemos sabido también que el Servicio Andaluz de Salud, en un acto de contratación celebrado en Sevilla, solo ha podido cubrir 35 de las 323 plazas ofertadas de médicos residentes en Almería. Es decir, esta es la provincia andaluza con más sangría de médicos cuando terminan su residencia. Se puede especular con las causas, pero es dato, no relato: Almería es la provincia que registra la peor cobertura en la región con 288 vacantes en la suma de los tres hospitales públicos. Almería ‘paga’ la formación especializada de los especialistas, pero la mayoría emigran después a Murcia, a Castilla o a otra provincia andaluza donde disfrutan de esa preparación. Es decir, Almería no solo exporta tomates y pimientos, exporta también talento del bueno, del indispensable, la argamasa con la que se edifica el peldaño principal de la calidad de vida.

El acto de Sevilla no es un acto nuevo, responde ya a un patrón. Y eso es lo preocupante: por qué Almería no es atractiva para los médicos; es buena como destino vacacional, como tierra de sol y ocio, pero no para ejercer la profesión de galeno. No es una teoría es un hecho. La situación es decididamente preocupante en Atención primaria con más de 200 plazas sin cubrir y en Poniente y Area Norte, donde hay más presión asistencial, donde hay que trabajar más. Nadie es válido del todo para dar consejos, pero se supone que la medicina tiene algo de vocacional y de estar donde a uno más lo necesitan, además de pensar en tener buen horario y buenos emolumentos, que también.

Algo no cuadra: por qué sí la Arrixaca y no Torrecárdenas; por qué sí Capitán Haya y no La Inmaculada. Hay pocos médicos en todas partes, pero es que en Almería aún hay menos que pocos: nadie quiere venir. No se cubren plazas de dermatología, oftalmología, radiodiagnóstico, neurofisiología, pediatría, etcétera, y, sobre todo, de medicina de familia. Si hay un consenso establecido en esta Almería nuestra es que por encima de todo está la salud y no vamos bien, a tenor de los números, de las cifras, que el periodista de este diario, Miguel Cabrera, vomitó el otro día sobre el papel y la pantalla.

La falta de médicos en Almería no es solo una cuestión de cifras o de gestión administrativa; es un problema que afecta al derecho de los ciudadanos a recibir una atención sanitaria digna y accesible. La solución exige planificación a largo plazo, mejores condiciones laborales, incentivos para las zonas de difícil cobertura y una apuesta decidida por reforzar la Atención Primaria. Mientras estas medidas no lleguen, la provincia seguirá viendo cómo se deteriora uno de los pilares fundamentales del Estado del bienestar. En eso estamos todos los almerienses de acuerdo, pero no basta con coincidir en la calamidad, hay que remendarla. Quizá el SAS se merezca un poco más de cuota en el reparto del Presupuesto del Gobierno de Juanma Moreno; quizá en San Telmo se deba hacer una reflexión entre lo que es vital y lo que es menos vital para la provincia de Almería. 

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