La Voz de Almeria

Opinión

Victoria Martínez Lirola

Victoria Martínez Lirola

Los administradores de fincas están colapsados

La sociedad muchas veces desconoce la enorme responsabilidad que asume esta profesión

El administrador de fincas colegiado se ha convertido en una figura esencial para sostener el funcionamiento diario de los edificios.

El administrador de fincas colegiado se ha convertido en una figura esencial para sostener el funcionamiento diario de los edificios.Getty Images

Creado:

Actualizado:

Hay oficios invisibles hasta que dejan de funcionar. El administrador de fincas pertenece a esa categoría ingrata de profesionales cuya eficacia se mide, precisamente, por la ausencia de problemas. Si el ascensor sube, la derrama no explota y el vecino del quinto no amenaza con denunciar a media comunidad, nadie se acuerda de él. Pero basta un atasco en el garaje o una fuga un sábado por la noche para convertirlo en el enemigo público número uno del edificio

Hay una escena que se repite cada día en muchos despachos de administradores de fincas: el teléfono sonando constantemente, vecinos preguntando por una reparación que no llega, presupuestos pendientes desde hace semanas y empresas que directamente ya ni contestan porque no tienen capacidad para asumir más trabajo. Y al otro lado de todo eso, el administrador de fincas colegiados.

La realidad es que cada vez resulta más difícil encontrar albañiles, fontaneros, electricistas, carpinteros, soldadores o técnicos de ascensores que puedan atender las necesidades de las comunidades de propietarios. Los profesionales veteranos se jubilan y detrás apenas queda relevo generacional. Los pocos trabajadores cualificados que continúan en activo están completamente saturados y los plazos para presupuestar o ejecutar trabajos se eternizan. Pero quien recibe diariamente la presión no es la empresa, es el administrador de fincas. Es quien da la cara en las juntas de propietarios, quien soporta llamadas de vecinos enfadados y quien tiene que explicar continuamente que una reparación no depende solo de querer hacerla, sino de encontrar una empresa disponible que además pueda ejecutarla cumpliendo toda la legalidad vigente. Porque ese es otro problema que muchas veces no se ve.

El administrador de fincas colegiado no puede contratar a cualquiera. Tiene la obligación de exigir seguros de responsabilidad civil, prevención de riesgos laborales, trabajadores regularizados y toda la documentación legal necesaria. Y cuando un vecino dice aquello de “yo conozco a uno que lo hace más barato”, normalmente, el problema aparece precisamente al solicitar esos documentos.

Sin embargo, si ocurre un accidente, una caída o cualquier incidencia grave, inmediatamente se buscan responsabilidades. Y el administrador queda situado en medio de todo ello. La sociedad muchas veces desconoce la enorme responsabilidad que asume esta profesión. Hoy un administrador no solo lleva cuentas o convoca juntas. Hoy coordina obras, revisa contratos, controla documentación, media en conflictos vecinales, gestiona averías urgentes y actúa prácticamente como un director técnico y humano de edificios donde conviven decenas o cientos de personas.

Las pequeñas empresas soportan cada vez más costes laborales, impuestos y cargas sociales. Muchos autónomos han reducido plantillas o trabajan solos porque mantener empleados ya no les resulta rentable. Y eso provoca que incluso una pequeña reparación comunitaria pueda tardar meses en solucionarse.

Mientras tanto, las comunidades afrontan un aluvión constante de nuevas obligaciones: adaptación de ascensores, accesibilidad, eficiencia energética o medidas de seguridad que implican inversiones importantes para familias que ya llegan con dificultad a final de mes. Y nuevamente es el administrador quien tiene que sentarse delante de los propietarios y trasladar un mensaje que casi nunca es bien recibido: las cuotas actuales ya no son suficientes y será necesario pagar más para mantener adecuadamente los edificios y cumplir las nuevas normativas. Eso genera tensión, desgaste y crispación. Especialmente preocupante es la situación de las empresas de ascensores. Desde las nuevas exigencias normativas, el sector está completamente desbordado. Faltan técnicos especializados y los retrasos se acumulan en toda España.

Quizá ha llegado el momento de reconocer algo que durante años ha pasado desapercibido: el administrador de fincas colegiado se ha convertido en una figura esencial para sostener el funcionamiento diario de los edificios y, en muchas ocasiones, también la convivencia entre vecinos. Porque detrás de cada comunidad hay mucho más que recibos y reuniones. Hay problemas humanos, responsabilidades jurídicas, tensión económica y profesionales intentando resolver cada día situaciones cada vez más complejas con menos medios y menos manos disponibles. Y en un país donde convivir empieza a ser más complicado que construir, eso tiene bastante más mérito del que parece.

tracking