Rubalcaba y su vuelta de tuerca
Rubalcaba y su vuelta de tuerca
En 1941, con las tropas japonesas pisándole los talones, el general norteamericano Douglas McArthur tuvo que salir de Filipinas que se les pelaba en una lancha. Antes de marcharse, se puso muy digno y dijo a los pringados que se quedaban allí a esperar a los japos: “Volveré”.
Muchos años después de ese intenso episodio, el rapsódico presentador almeriense Andrés Caparrós se asomó al balcón del Ayuntamiento de Almería junto al entonces alcalde Cabrejas y, como pregonero de la Feria, dijo al público que llenaba la Plaza Vieja: “He vuelto”.
El silencio que siguió a aquella sincera declaración nos recordó a los que allí estábamos que el retorno, en sí, no supone necesariamente un beneficio para los reencontrados. Traigo a colación estas dos escenas históricas (diferentes en intensidad dramática) ahora que hay gran expectación en torno a ese “regreso” del PSOE que ha preconizado su secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba. Y claro, igual que los soldados atrapados en Manila o los almerienses que esperaban el pregón, somos muchos los que nos preguntamos si hubo alguna vez alguna despedida seguida por una promesa de regreso o si la vuelta del PSOE nos ofrece algo nuevo e ilusionante. Pero por lo que estamos viendo, el presunto regreso del PSOE es más previsible que una nueva reposición de “Verano Azul”, porque la base de la pretendida vuelta está en el discurso rancio de la izquierda decimonónica y anticlerical: abajo reyes y curas, etcétera. Una renovación pasadísima de moda que dista bastante de las preocupaciones de las familias españolas. Pero Rubalcaba no hace más que tomar posiciones en la carrera de las primarias, volviendo a apostar por la radicalización que tan pésimos resultados le ha dado y que tan poco beneficia a las necesidades de la situación actual de nuestro país. Una vuelta, sí, pero de tuerca.