La muerte de Asunta
La muerte de Asunta
S egún Leo Zapata, filósofo atribulado y oráculo noctámbulo de los bares, el oficio de vivir es un arte y la vez una proeza inútil, parece que toda la dedicación que empleamos acabara en polvo que ha de llevarse el viento. Y aunque la humanidad avanza no sin dificultades hacia una ética que quiere alejarse, de la bestialidad, la venganza o de esa animalidad oscura y asesina, siempre quedará alguna atrocidad por cometer que nos regrese a la certeza de saber que el humano es capaz de pasar de las acciones más nobles a las más abyectas, sin emplear demasiado tiempo en ese trayecto.
Según la teoría de Zapata a propósito de la muerte de Asunta, la niña china adoptada por un matrimonio gallego, una vez descartado los motivos materiales y su condición de rica heredera, tachada la codicia que suele ser causa común de muchos crímenes.
Solo quedan dos caminos: indagar por el páramo de la locura lleno de meandros sinuosos y tierra fangosa en la que empantanarse o aceptar que la maldad es un nefasto atributo de los humanos, aletargado, en estado vegetativo, pero que pude brotar con una energía inusitada y homicida. La más consoladora de las posibilidades es la de la enajenación mental, se descarga la culpa en una alteración involuntaria de nuestras facultades mentales, la indistinguibilidad del bien o del mal.
Una vez que ha sucedido lo deleznable, puede resultar mucho peor descubrir que los padres han matado a su hija por causas banales, aunque no acertaría a decir ninguna o que decidieron hacerlo por un motivo que les avergüence y no sean capaces de confesarlo, este es el único misterio que queda por desvelar, en esta historia sucia y desesperanzada.
Ventana La cortinas corridas de una ventana del juzgado de Santiago de Compostela, dejan ver a Rosario Porto madre de Asunta, las paredes amarillentas y un micrófono a la altura de su frente, agacha la cabeza quizás este avergonzada. Vuelvo a detenerme en la fotografía, no observo el dolor en su cara ni en su gesto, lo único que podría humanizarla, hacernos pensar que ella quería a su hija como cualquier madre.