Entre el rifle y la flecha
Entre el rifle y la flecha
La escena la habremos visto en el cine un millón de veces. Hermosas praderas del Oeste americano donde viven en unión con la naturaleza y en santa paz los indios indígenas. De pronto viene al poblado un pistolero de dos metros de alto montado en su caballo.
El caballero llega como enfadado como si le hubieran robado sus reses. Los indios le espían desde las colinas que rodean el valle. Pronto comienza la guerra. Cuando éramos niños, en llegando este momento el cine se caía de aplausos al barruntar que en la lejanía aparecían “los buenos”. De poco servían ya las flechas aunque fueran envenenadas frente al poder mortífero del rifle. Por las nuevas tecnologías de la muerte desapareció buena parte del pueblo autóctono.
Pasaron los siglos y EE UU convirtió a través del cine y la literatura toda esta escabechina en una gesta, gesta que algo conocimos los almerienses cuando convertimos nuestro paisaje californiano en escenario del Oeste por un puñado de dólares. Pero vamos a dejarnos de recuerdos. Aquí la noticia es que la Casa Blanca ha vetado la ley de armas coincidiendo con las atroces matanzas. La Asociación Nacional del Rifle sale una vez más triunfante. El Congreso no aprueba la política de regularización a la que se había comprometido el Presidente Obama. El suceso debe haberle dolido bastante porque acaba de decir que es éste un día de vergüenza para Washington. Hay quien interpreta esta necesidad de poseer armas en casa como un recurso disuasor frente a posibles delincuentes, si bien tampoco hay perder de vista el negocio.
En cualquier caso, a la vista de los sucesos que estamos padeciendo, la regulación de las armas la desea el 90% del pueblo americano.