La comida y la cena
Durante la cena mantuvimos una conversación sobre Dios

Yo también nací con ese Dios, pero me desprendí de él, y ahora qué, cuál es mi identidad.
Ese día no podía estar sola, el mundo se me caía encima, por eso acepté la invitación que me hicieron mis amigas del Cafelito feliz cuando me las encontré en la terraza de un bar y yo me dirigía a la carnicería de al lado.
Quedamos en la casa de Isabel y al acabar mis compras bajé por la plaza del ayuntamiento y me sorprendió su nueva remodelación. No sé cuántas veces se ha cambiado. Cada alcalde lo ha hecho en su mandato, pero ninguna como cuando era niña y había una fuente con dos caños, una farola, dos palmeras y jardines alrededor, donde las noches de verano jugábamos al escondite.
Cuando llegué la mesa ya estaba puesta: migas, hechas por Manola, con pimientos y morcilla fritos, tocino, ensaladas con mango, …y vinos exquisitos. Luego las infusiones, los dulces y las copas.
Nuestras conversaciones eran muy risueñas. A cada una le hacía gracia lo que decía la otra y nuestras risas se contagiaban. Cantamos canciones de Víctor Jara y recitamos las oraciones que rezábamos de pequeñas, el Jesusito de mi vida y el Ángel de la guarda. También vimos fotos, entonces nos enamoramos de una del verano del 84 en la que estábamos algunas de las presentes, Isabel, Angelina, Paquita la de Gloria y yo, en la celebración de la boda de otra amiga.
Se acabó la reunión y crucé la Era para subirme en el coche. En ese momento me llamó una amiga de Senegal para invitarme a cenar con sus compañeros de piso. Durante la cena mantuvimos una conversación sobre Dios. Uno de ellos afirmaba que llegaron los curas franceses y les despojaron de su cultura ancestral, y junto con el poder político le impusieron el de la Iglesia católica, y ahora qué, no le quedaba más remedio que agarrarse a ese Dios.
Yo también nací con ese Dios, pero me desprendí de él, y ahora qué, cuál es mi identidad.