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Opinión

Los decibelios de la pitada principesca

Los decibelios de la pitada principesca

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Se ha dicho que el volumen de los decibelios de la pitada que soportó el príncipe Felipe en el Manzanares y que hacían mofa del himno nacional fueron debidos a las rotundas declaraciones de Esperanza Aguirre.


No compro esa teoría. No estoy de acuerdo con la solución eventual propuesta por la señora Aguirre, celebrar el partido posteriormente a puerta cerrada habría sido contraproducente por muchas razones, entre otras la repercusión exterior en momentos en que debemos preocuparnos por no airear nuestra inestabilidad ni nuestras lamentables divisiones.  El desagrado y la molestia de la Presidente madrileña son, por otra parte, comprensibles aunque no la solución.


Cargar, con todo, la responsabilidad de la actitud injuriosa, según nuestras leyes y las de muchos países,  e inelegante de una parte considerable de las hinchadas de los dos partidos a la señora Aguirre es engañoso e hipócrita. De entrada, digamos que ella no comenzó, ella reaccionó frente a una actitud tosca de que quienes habían prendido la mecha, es decir unos diputados separatistas y determinadas asociaciones. Más importante aún, Esperanza Aguirre no había hecho la menor declaración hace escasos años cuando se jugó la final en Valencia y los abucheos al himno y a al Rey fueron idénticos. Allí tampoco fueron pequeños. Cual es la diferencia, ¿80.000 decibelios en Valencia y 95.000 en Madrid? Esta no es la cuestión.


Culpando a Esperanza Aguirre, y remacho que no estoy de acuerdo con su sugerencia, se consiguen dos cosas. Se responsabiliza a una dirigente de la derecha de la cólera de las hinchadas visitantes y se minimiza la importancia del comportamiento de estas. Que haya un número, que vemos no despreciable de jóvenes vascos o catalanes, que con Esperanza o sin  Esperanza se desplacen entusiasmados con ver su equipo pero con el mismo entusiasmo con el propósito de abuchear al Jefe del Estado, sea Rey o Presidente de la República, y silbar al himno nacional no es una cuestión baladí. Pero se puede argumentar que no representan a los verdaderos aficionados vascos o catalanes, algo que en realidad no sabemos. Pero lo que se pasa por alto, dado que hemos encontrado a Doña Esperanza como chivo expiatorio responsable de todo, no es que el tema es grave en sí y que casi no se da en otras latitudes, sino SOBRE TODO, que el anunciado abucheo, o protesta sonora como se ha dicho estúpidamente, obtuvo muy escasas muestra de desaprobación de los directivos y de una buena parte de los políticos de las dos comunidades en cuestión. La actitud de más de uno parecía incluso de aliento.


Este es el aspecto grave del asunto. La actitud permisiva, complaciente o incluso alentadora de políticos y directivos de algo que está tipificado de alguna forma en el código penal, aunque sabemos que la policía no iba a detener a unos miles de personas por una bronca, un acto que, en todo caso, es desvergonzadamente irrespetuoso con los emblemas patrios y el Jefe del Estado.


Todo esto, se pasa por alto o se minimiza porque la causa  de todo es que  "Esperanza ha echado leña al fuego" ¿ Alguien puede sinceramente creerse que los hinchas se habrían limitado a callarse después del himno o dar tres silbiditos de protesta si la Presidenta madrileña no hubiera hecho sus manifestaciones?


Destaquemos por último que el señor Rubalcaba se puso de perfil, "fútbol es fútbol" dijo ladinamente, y que el Presidente del Atlético de Bilbao dijo una de las frases más insensatas del año cuando instó a los seguidores de los leones a que no consumieran un euro en Madrid. Los hinchas, que fueron muy bien acogidos por la

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