Eufemismos
Eufemismos
En la vida ordinaria, el eufemismo puede valer por cuanto suaviza las expresiones impropias o malsonantes, pero en política significa simplemente engañar si no llamamos las cosas por su nombre. En los sótanos de todos los palacios gubernamentales existe una especie de brujo baldado que se dedica al forceps lingüístico para que el ciudadano entienda lo que no desea. En los sistemas totalitarios esto está a la orden día. Recuérdense las fotos mutiladas de Stalin o las célebres frases de Goebbels llamando avances a lo que era retroceso. En democracia el procedimiento cambia algo a expensas de la libertad de expresión. Me imagino el trabajo que debe tener ahora la oficina de comunicación del PP teniendo que poner del revés todo lo que antes puso al derecho. El PP se promocionó como partido de sentido común y como Dios manda, iba a dar empleo y por tanto acabaría con la crisis, no tocaría la sanidad ni la educación, que en virtud del despido barato despertaría en los empresarios el espíritu emprendedor. Hoy los parados son ya cerca de seis millones. Si estuviera Zapatero se le podría echar la culpa. Como ya no está, el recurso es el pasado abstracto y la herencia recibida. Hay gente que votó a la derecha y ahora se pregunta, ¿pero no érais vosotros la solución? A esto, los ministros del PP responden por el extranjero: necesitamos tiempo. Con una reforma cada viernes, se podría llegar al año 2020 y tal vez entonces volviera el paraíso. Mientras tanto el pueblo engañado y frustrado se tira a la calle sin esperanza. No se consuela con los eufemismos de Rajoy que exigen austeridad y recortes. Por cierto, a los recortes llaman ahora gravámenes solidarios; antes a la contracción económica la catalogaron como desaceleración. Y ¿qué dirán de nuestra prima de riesgo? A lo mejor le levantan un monumento por haberle dado el poder a la derecha bienhechora que nos saca de todos los apuros.