La Voz de Almeria

Opinión

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Me quito el sombrero ante la lucidez y la clarividencia política del pueblo andaluz. Mientras las encuestas casi en su totalidad anunciaban que ganaría Arenas, el votante callaba como diciendo: gracias por vuestros ecuánimes y científicos consejos de futuro, pero tened en cuenta que la última palabra la tengo yo. Según han explicado algunas lumbreras del acertijo demoscópico, las encuestas se confeccionan sobre contestaciones reales, pero en realidad nunca llegamos a saber lo que piensa en su interior el entrevistado. De este modo y a pesar de los grandes éxitos electorales de Rajoy, la gente ha tenido tiempo de enterarse en parte de lo que escondían las propuestas salvadoras de la crisis en la derecha europea. Los andaluces saben mucho porque mucho sufrieron. Admirado me tienen. Si volvemos de nuevo sobre el reparto del poder político a tenor de lo que ha dicho el pueblo andaluz en estos comicios, tendríamos las ingeniosidades siguientes: Javier Arenas gana pero no puede gobernar ni siquiera a la cuarta vez. Es para pensárselo dos veces si este hombre debería seguir en la política a pesar de su buena voluntad de servir a Andalucía. Luego tenemos el caso Griñán luchando contra las encuestas, contra los ERES y contra el mar revuelto y tomentoso de su propio partido. Está claro que el socialismo no ha sido repudiado de por vida en este Sur de la lucha jornalera. Ahora bien, el pueblo andaluz le ha enviado un mensaje advirtiéndole que no quiere más corrupción ni más militantes cocainómanos. El mensaje ha llegado de modo indirecto premiando con doce escaños a Izquierda Unida. Si este partido, netamente de izquierda, no se consume en su propio fuego moralizante y se dedica a gobernar dando al olvido viejas disputas desviacionistas, es seguro que acertará cumpliendo los deseos de la gente progresista que le ha votado. Pero insisto en la lucidez senequista y sabia de los andaluces. No se podía tirar por tierra el enorme esfuerzo que hizo la izquierda durante la transición en su duro empeño por alcanzar el grado más alto de autonomía. Dicen que no se puede contentar a dos señores. El pueblo andaluz con su talento y buen tino ha contentado a tres. Y ahora a barajar.

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