La jueza Alaya
La jueza Alaya
En realidad hay pocas comparaciones odiosas y es precisamente la comparación una de las mejores formas de acercarse a la realidad; no solo podemos comparar Chipre con España sino que es un buen ejercicio para establecer las muy evidentes diferencias entre la situación de los dos países. Pero no se trata de eso aquí y ahora. Lo que me pide el cuerpo comparar son las actitudes personales, y eso, claro, es más arriesgado que hablar de economías o sistemas financieros. Y si añadimos que me refiero a actitudes personales de unos profesionales tan peculiares como son los que componen la judicatura española, la cosa se complica aún más.
Pero es que están ahí, en las portadas de los periódicos, en las imágenes de los informativos, en sus palabras, sus silencios, su "estilo" -esa cosa tan difícil de definir- y, por supuesto, sus actuaciones.
En la historia de los jueces españoles -olvidados ya aquellos años terribles de los Tribunales de Orden Público- hay nombres propios que de pronto ocuparon un lugar destacado en la opinión pública, se convirtieron en noticia unas veces para bien, otras para mal y muchas para la polémica. Algunos años antes de que se pusiera de moda lo de "jueces estrella", ya hubo casos, más o menos aislados, que pusieron con su trabajo serio y riguroso los puntos sobre las íes en cuestiones complejas. También todo lo contrario. Pero mi preámbulo solo pretendía ser una disculpa para rendir desde esta humilde columna el homenaje personal a la jueza Mercedes Alaya que sigue instruyendo el caso de los ERES andaluces con una discreción y un trabajo que distan mucho del afán de protagonismo que se adivina en otros instructores que no pienso nombrar. Creo que no he oído ni una palabra de la jueza Alaya y solo he visto imágenes suyas entrando y saliendo de su juzgado. Nada más. Y me parece a estas alturas tan extraordinario su comportamiento, que merece la pena ponerla como ejemplo de lo que los ciudadanos esperan de sus jueces. A la jueza Alaya la han tratado de presionar de todas las maneras. Y ahí está, tras una larga baja porque seguramente no podía más. Respeto muchísimo que Mercedes Alaya haya sido capaz de soportar todo sin ni siquiera pestañear.