Indicaciones y agradecimiento
Indicaciones y agradecimiento
No es mi propósito marginar a nadie, menos si hemos tenido amistad, salvo que los mismos hayan querido cortar. Pueden y deben hacerlo si ya no existe afinidad; el resto cuenta con mis fláccidas fuerzas que se debilitan con el paso impío de los años.
En tiempos pretéritos presenté algunos libros y, con el máximo pudor, conseguí algunos éxitos que el viento arrastró. Ahora, con la ayuda del Altísimo, me voy a ocupar de una joven e inteligente Tertulia sita en la Asociación Jairán. En ella una hermosa pléyade de jóvenes… “Juventud divino tesoro…” bajo la batuta de mi estimado amigo Pedro Yanguas que, enhiesto y con su elegancia innata, consigue coordinar el guirigay fuerte y hermosos de chicos y chicas.
Ahora paso a encomiar la tarea periodística de La Voz de Almería, de la que formo parte y que aquí, allá y acullá bate el record de venta por la equidad de todos sus componentes y, de una manera especial quiero, sin disgustar al resto, expresar mi admiración a Kayros, cuya obra conozco, en parte, desde hace varios años. Ana Belén, Marta y Eva de la Torre forman un trío de esmerada condición social y bellas por antonomasia.
En un estuche de terciopelo azul, por vez primera guardo a Pilar Pérez, Carmen Alcalde, Purificación Arqueros, Karmen Romero y a mi amiga del alma Mercedes Soler; si no me tachan de hipebólico tiene parecido con García Sanchíz y, en cuanto a Carlos Hernández, que se quiten todos los que intentan hacerle sombra, es inútil empeño.
Para los abocados a la cultura y enteraos y enterás una pequeña pregunta ¿Quién dijo el siguiente refrán?: “Malhaya el cabalo que ve una yegua y no relincha” Más aún: “Si mides los valores del talento por hojas de laurel concedidas a los mitos que forja el pensamiento”
Frente a mi una joven trabaja en una mesa cargada de papeles; se llama Isabel Álvarez, manos de nácar, ojos bellísimos -no puede describirlos- rubia como el trigo maduro y cuajado de amapolas sangrantes de los llanos de Topares. Tiene dos hijos: Abril y Daniel, que empiezan a entrar en pubertad. Al marido de Isabel le digo que es un coleccionista de hermosas obras de arte. La Operadora lleva un importante papel sin desfallecer; la imagino guapa y paciente.
José López Fernández entra en casa como si fuera la suya; nos quiere y lo queremos mucho. Dueños de mi afecto profundo son mis primos Victoria y Antonio de Rosa Cristina y siempre rezo por los dos. “El corazón no muere pero si envejece”