Buscando el movimiento perpetuo
La posibilidad de fabricar una máquina capaz de funcionar indefinidamente después de un impulso inicial y sin necesidad de energía adicional ha sido, durante siglos, una de las obsesiones de los físicos e ingenieros más voluntariosos y excéntricos de medio mundo. La historia del “Perpetuum Mobile” (llamado así en latín desde los primeros intentos por lograrlo allá por el S. XIII) es una apasionante mezcla de determinación y tozudez a partes iguales, pues desde los primeros ensayos ya se pudo ver que conseguir un movimiento eterno no iba a ser fácil. De hecho, conviene recordar que la conservación indefinida de la energía se pasa por el forro las siempre inclementes leyes de la termodinámica, lo que no impide que todavía haya inventores intrépidos que sigan empeñados en lograr un movimiento perpetuo y sin costes. Y a lo mejor alguien tendría que avisarles de que en Almería hay quien sigue -dale que te pego- queriendo revolucionar las leyes de la termodinámica social repitiendo experimentos que nunca han funcionado. Por ejemplo, una asociación de vecinos de Pescadería con propensión a lo montaraz ha remitido a la prensa un informe culpando al Ayuntamiento de la situación de los cauces y barrancos de la zona, que en algunos casos están hasta arriba de basuras, escombros y enseres. Es decir, un modelo que sitúa la responsabilidad de la suciedad en quien la ha de recoger y no en quien la arroja porque le da la gana. Y no seré yo el que se oponga a que se vuelva a limpiar otra vez los cauces (de hecho ya está prevista una actuación en este sentido) o a que se inste a las autoridades a cumplir con su deber. De ningún modo. Pero me temo que en algunos casos será más fácil ver funcionar la máquina del movimiento perpetuo que ver a quienes ponen la carga de la culpa en el Ayuntamiento diciendo en voz alta lo que luego dicen en voz baja cuando les preguntan por la limpieza de algunas zonas de Almería.