La Voz de Almeria

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En la estela que nos deja el verano que acabamos de consumir, va a tener lugar en Almería el mayor acto de divulgación científica que se celebra en nuestra provincia: La Noche Europea de los Investigadores. Quizá sea porque el recuerdo de las vacaciones nos empuja a consumir las últimas tardes con sabor a verano, o quizá porque desde la Universidad de Almería no se ahorra en esfuerzos para poner sobre el tapete de la Rambla el camino por el que discurre la Ciencia. Pero el caso es que un evento como éste, en el que la divulgación pone al alcance de la mano de cualquiera los resultados más relevantes de docenas de proyectos de Investigación Científica, saca a la calle a más de 10.000 de nuestros paisanos.

El evento se celebra de manera simultánea en más de 300 ciudades de todo el mundo, y el año pasado contó con la presencia estimada de más de un millón de visitantes. El realismo de los números es sencillamente espectacular. Apabullante. Pensar que más de un millón de personas han dedicado su tiempo y su atención a conocer la Investigación que se está llevando a cabo en su entorno más cercano debería hacer que todos nos planteáramos el papel que queremos que la Ciencia juegue en nuestra sociedad. Pero más allá de las conclusiones que podamos extraer a bote pronto, de lo que no cabe duda es del rotundo éxito que tiene la convocatoria, más allá del objetivo que plantea. Y encabezando la iniciativa se encuentran las Universidades andaluzas, con casi 2.000 investigadores dispuestos a desnudar su trabajo.

La Universidad, como institución, no pasa por su mejor momento. Recientes escándalos y noticias interesadas han puesto en tela de juicio a uno de los entes cuya credibilidad mejor había soportado el paso de tiempo. Títulos de dudoso interés, másteres como regalo de ida y vuelta, y docentes acomodados en su poltrona, han conseguido sembrar la semilla de la duda sobre la que ha sido siempre la cuna del saber y del pensamiento crítico. Pero actividades como ésta tienen que devolver a la Universidad al lugar que siempre ha ocupado como generador de conocimiento y motor constructivo de una sociedad moderna. Porque la Universidad no tiene sentido sino ejerciendo este papel. Y La Noche Europea de los Investigadores se presenta como una nueva oportunidad para poner de relieve el trabajo de miles de docentes e investigadores cuyo elemento motivador es mucho más romántico que pecuniario. Y no quiero pecar de ingenuo. Pero sé que las luces de los despachos y los laboratorios en la Universidad permanecen encendidas incluso cuando la ciudad descansa. Y el destilado de ese trabajo, pasado por el tamiz de la divulgación, es lo que este viernes vamos a poder compartir en la Rambla.

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