La Voz de Almeria

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Hermana, emocionada escuché tu carta en la que das las gracias a todas las personas que te hemos acompañado en esta pesadilla que parece interminable. En ella nos dices que no te has sentido sola. Y tienes razón, al decir que, al ver a tanta gente que ni te conocemos, en un mismo grito, en una misma lucha, te hace reconciliar con esta sociedad en la que se fomenta la cultura de la violación. De nuevo, gracias por tu valentía y tu coraje, deseamos que sean un punto de inflexión hacia el gran cambio que esta sociedad necesita. Es triste haber llegado a este extremo para remover conciencias pero con esto nos estás dando fuerzas, a otras compañeras, para no permanecer calladas.

Escribes en la carta: “También quisiera agradecer a toda la gente que, sin conocerme, tomó España y me dio voz cuando muchos me la quisieron quitar. Gracias por no dejarme estar sola, hermanas. Gracias por todo”. Y otra vez vuelvo a llorar, cuando me vienen las imágenes de todas gritando a la vez, en un mismo latido, en un mismo aliento: ¡Yo sí te creo! ¡La Manada somos nosotras! Gritábamos y pensábamos en nuestro interior que quizás nos estuvieras escuchando. Salimos por ti, no lo dudes, pero también salimos por todas. Tú nos diste el impulso para salir a la calle, para no callar más, para no avergonzarnos. En este país las mujeres comenzamos a practicar la sororidad, con contundencia, que es una nueva palabra con significado ético, político y reivindicativo. Las mujeres estamos tejiendo redes de apoyo para lograr la igualdad que cada día nos parece más inalcanzable. Mujeres de todo el mundo empezamos a converger y a dialogar. Escribe la antropóloga mexicana Marcela Lagarde: “Es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y la alianza existencial y política (…) con otras mujeres para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío de todas y el empoderamiento vital de cada mujer”. La sororidad será la clave para el cambio social que urge tener. Tus palabras nos han emocionado y, también nos has dado una lección de dignidad, que debería de servir para iluminar el camino de erradicación de violencia hacia las mujeres, y por supuesto, hacia todo ser viviente y siliente. Esta coletilla, de manera consciente, la escribo, en negrita y cursiva, porque no hay vez, en el que no se me cuestione cuando escribo y/o hablo sobre violencia de género y/o políticas de igualdad. Esto dice mucho del lugar en el que habitamos y de lo lejos que se queda la igualdad: cuando cuestionas al sistema que nos agrede, nos agreden más. No es fácil ser mujer en este mundo, pero ilusionada escribo que: todas juntas, somos una.

Lo que te pasó a ti no le tenía que haber pasado a ninguna: ni en Pamplona, ni en Canarias, ni en Palamós, ni en Molins, ni en Rei, ni en ningún lugar del mundo. En los dos últimos años se han registrado, al menos, cincuenta ataques sexuales en grupo contra mujeres en España. Durante las celebraciones de San Juan, seis denuncias y once detenidos en distintas ciudades. Algunos de los agresores se jactaron de ser “la Nueva Manada”, además hemos tenido que leer denigrantes titulares, como los del periódico ‘La Provincia’: “La menor violada en grupo pasaba San Juan con unas amigas y se emborrachó”. Les ha faltado escribir en el titular “ella se lo buscó”. La debilidad de nuestra justicia ha hecho que se provoque un “efecto manada” insoportable, a lo que hay que añadir, la posibilidad, de que algún canal de televisión estuviera gestionando la presencia de los miembros de la mal llamada ‘Manada’ con el objetivo de hacer negocio con los anunciantes, con las entrevistas de los condenados y/o familiares a los que se les haría millonarios. Ante la libertad de expresión, que es con lo que se escudan, está el derecho de no consumir este producto. Ya conseguimos boicotear otro programa: tuvieron que retirarlo por falta de anunciantes.

Dice el columnista Víctor Sánchez: “La presencia de los hombre, casi testimonial, (en las manifestaciones) habla por sí misma”. No quiero que olvidemos que los que nos agreden son: hijos, hermanos, nietos, novios, maridos, padres, compañeros de trabajo, jefes, etc. La periodista Cristina Fallarás escribió un artículo en el que citaba a las más de dos millones de mujeres que habían narrado, en primera persona, acosos, agresiones y abusos sexuales sufridos a lo largo de sus vidas, a través de las redes sociales con el hastag #cuéntalo. La periodista se preguntaba dónde estaban los más de dos millones de agresores responsables de esos actos, a lo que hay que añadir que el silencio del resto también se puede considerar como agresión. Nos apremia la fraternidad entre hombres y mujeres, como declaración universal.

Tu carta ha sido una lección para todas, palabras sin rencor, ni odio, ni venganza, sólo de gratitud a todas las personas que hemos salido a gritar todas a una: ¡Yo sí te creo!  Porque si nos tocan a una, nos defendemos todas. Gracias hermana: No estás sola, no estamos solas.


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