La Voz de Almeria

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Después de la preparación teórica y práctica para la vida profesional, el abogado inicia su lucha, en la que permanecerá activo y vigilante hasta el fin… Lo importante no es el escenario; lo verdaderamente importante es la preparación y el sentido de la responsabilidad. Al cabo de los años, llega a convencerse de que la preparación es tan importante como la formación moral. Muy importante es, también, la relación abogado -cliente. Basada en la confianza comporta una difícil aventura. Porque el justiciable tiene "su razón" que no es siempre "la razón" y el abogado tiene que inculcar desapasionadamente ideas claras y mantener firme su personalidad. Además hay que combatir con los contradictorios conceptos que de la profesión se tienen. Había una tendencia, muy fuerte entre los abogados, a estimar el ejercicio como un sacerdocio al servicio de la justicia, o a considerar la toga como un ornamento sagrado. También hay quienes piensan que el abogado sólo está interesado en la minuta, o quien manifiesta que los abogados se venden, mientras otros valoran al abogado por los pleitos que gana. Dice Hernández Gil que "el juicio más superficial que puede formularse de cualquier abogado es hacerle depender de sus incesantes victorias" . En otra ocasión, Hernández Gil define al abogado alegando que " el abogado carece de todo poder decisorio. Dice, pide, alega, suplica, insta, solicita, impetra, propugna, reclama, recurre, aduce, tacha, afirma, niega, admite, reconoce, arguye, argumenta, sostiene, invoca, estima, suscita, defiende, postula, formula, proclama, etc. El abogado no impone, ni condena, ni absuelve, ni dicta, ni ordena, ni decide, ni resuelve, ni confiere, ni otorga, ni concede, pero es una actitud noble, porque el abogado en sí ostenta la autoridad más incruenta que es el peso no medido por él, de sus razones ". Todo esto lo suscribo íntegramente con mi propia experiencia. He aprendido mucho de los pleitos, de la relación entre compañeros, de la Jurisprudencia y de los libros, pero nada como la lucha del trabajo diario. Ahora bien, creo que la profesión necesita ser respetada y ese respeto ha de venir de nuestras actitudes en cada momento: frente al cliente, frente al Juez y frente a la sociedad. Muchas veces se nos trata con desconsideración en las actuaciones ante los tribunales. Se falta a la puntualidad, se suspenden señalamientos, se dilatan trámites y se dan pocas explicaciones o ninguna. He vivido desde la época de los borradores a mano hasta el ordenador, desde el profesional que debía conocer todas las disciplinas, hasta los despachos especializados, y, en todo caso y a pesar de todo, quiero transmitir mi mensaje de fe y esperanza en la Justicia, en los que la administran y en los que, modestamente, hemos colaborado con el quehacer cotidiano.

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