La Voz de Almeria

Opinión

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No me digan que no tiene algo de justicia poética el hecho de que una de las últimas decisiones que vaya a tomar el presidente Zapatero en política exterior, al poner a España a disposición de los Estados Unidos y la OTAN para poner en Rota una base del famoso escudo antimisiles, cierre el círculo de decisiones iniciadas con la retirada de las tropas españolas de Irak. Del "No a la Guerra" y la náusea fotográfica de Las Azores, nuestro azorado presidente ha acabado sumándose al diseño estratégico y balístico diseñado nada menos que por el denostado y criminalizado presidente George W. Bush. Sin discusiones parlamentarias, sin debates mediáticos y sin nada más que un hermético secreto, Zapatero ha puesto a España de la noche a la mañana en el mapa de los misiles intercontinentales. Francamente, todavía no acabo de entender en qué epígrafe de la Alianza de Civilizaciones puede incluirse la potenciación de las bases militares. ¿Cómo era eso? Ah, sí: "O-tan-no-ba-ses-fue-ra". Qué cachondos. No puedo dejar de imaginar qué no habrían dicho ya a estas alturas los pancartistas profesionales y los deontólogos de cuota si esta medida la llega a poner en marcha el estigmatizado ex presidente Aznar. Oleadas de indignados pacifistas habrían tomado las plazas y las redacciones para clamar contra el militarismo agresivo y rampante de un gobernante abrazado y genuflexo ante la doctrina imperialista de los yanquis. Pero bueno, ya digo que esta iniciativa, a pocos días de las Elecciones Generales, tiene un aire de justicia poética. De Irak a Rota, el zapaterismo cuenta sus batallas por victorias… hasta la derrota final.

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