La Voz de Almeria

Obituarios

Isabel Aguilera Guillén

Una larga existencia marcada por la entrega constante a los suyos

Nacida en Fondón en 1924, tenía ciento dos años y una vida atravesada por la sobriedad

Isabel Aguilera Guillén.

Isabel Aguilera Guillén.

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rafael del moral

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Ha muerto Isabel Aguilera Guillén, nacida en Fondón en 1924. Tenía ciento dos años y una vida atravesada por la sobriedad, el trabajo, la familia, una profunda fidelidad a sus convicciones y una fe inquebrantable.

Quedó huérfana siendo todavía muy joven y afrontó desde entonces las dificultades de la vida con una entereza que habría de acompañarla siempre. Casada con Isidro del Moral Martín, formó una familia de siete hijos: Rafael, María Isabel, Juan José, Matilde María, Inmaculada, Isidro y Fernando. De ellos, dos la precedieron en la muerte: Isidro, fallecido a los veintidós años, e Inmaculada, enfermera que ejerció en el Hospital Provincial, en el Hospital de la Cruz Roja y en Torrecárdenas, fallecida el pasado 31 de agosto, a los 63 años, después de una larga enfermedad.

Su vida estuvo estrechamente vinculada a la Iglesia y a las comunidades parroquiales de Almería. Fue fiel feligresa de la parroquia del Sagrario y perteneció también a la parroquia de Santa Teresa, cuando todavía tenía su sede en la calle Soldado Español, donde desarrolló durante años una abnegada labor de colaboración. Más tarde estuvo vinculada a la parroquia de San Isidro, a cuya misa acudió diariamente mientras su salud se lo permitió. Incluso en los últimos años, cuando necesitaba una silla de ruedas para desplazarse, quiso mantener, mientras pudo, aquella costumbre que formaba parte esencial de su vida.

Los últimos años transcurrieron en su domicilio de la Carrera del Perú, sin salir apenas de casa y en un delicado estado de salud. Allí, rodeada de quienes la acompañaron y cuidaron con afecto, fue apagándose serenamente. Murió a las 21 horas del 7 de septiembre de 2026, en los brazos de la doctora Rosa Bernabéu, su nuera, de su hijo Rafael y de su cuidadora Vanesa.

Había llegado al final de una existencia larga y fecunda, marcada por la pérdida de seres queridos, pero también por la entrega constante a los suyos. Su mayor obra fue, quizá, esa familia a la que dedicó sus días y a la que sostuvo con una presencia discreta, perseverante y fiel.

Recibió ayer cristiana sepultura. En la mañana del 9 de septiembre, a las 12 horas, será despedida en la iglesia de Fondón, el pueblo donde nació. Allí, en su cementerio, descansarán para siempre sus cenizas.

Quienes la conocieron conservarán el recuerdo de una mujer de otra época, hecha de fortaleza y sencillez, de silencios y de afectos duraderos. Una mujer que supo sobrellevar las pérdidas, cuidar de los suyos y mantener hasta el final las costumbres y las creencias que dieron sentido a su vida.

Que descanse en paz.

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