La Voz de Almeria

Obituarios

Fallece el general Unzurrunzaga, querido en Cuevas del Almanzora y en Garrucha

Estuvo en la OTAN, agregado militar en Londres, en el Tercio de la Legión; pero sus pasiones fueron su Nazareno cuevano y su playa garruchera

Antonio Unzurrunzaga Marzal con su gorro militar en su casa de Garrucha.

Antonio Unzurrunzaga Marzal con su gorro militar en su casa de Garrucha.

Manuel León
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Era general de Brigada pero cuando llegaba a su pueblo natal, Cuevas del Almanzora, o a su playa de la infancia, Garrucha, se convertía en un individuo más que se emocionaba con el Nazareno cuevano en la madrugada del Viernes Santo o que disfrutaba como un infante saltando entre las olas de la playa garruchera. Antonio Unzurrunzaga Marzal, un gran militar, un buen hombre, nos ha dejado. No diré que inesperadamente, puesto que sumaba ya 92 años, pero sí porque se echará en falta su figura recia paseando por el Malecón de Garrucha. Antes de irse, cumplió la satisfacción de escribir un libro de Memorias, en agosto del año pasado, 'Mi vida militar y mis anécdotas' que presentó en el Castillo de Cuevas y en el Centro Cultural de Garrucha rodeado de amigos y familiares y de este cronista a quien honró designándolo presentador de ese acto literario.

Antonio, la mayoría le llamaba don Antonio, vivía en verano enfrente del restaurante Andalucía de Garrucha, donde muchos años atrás estuvo la primera estafeta de Telégrafos del pueblo. De allí salía cada día en bañador y ya no se apeaba de él hasta la tarde. Fue siempre un cuevano muy garruchero, algo que llevó a gala toda su vida, porque desde niño veraneó en esa rada con su familia. Era hijo del médico Antonio Unzurrunzaga Iturriaga de ascendencia vasca y de una extremeña y vivió buena parte de su vida en la calle del Pilar de Cuevas del Almanzora. Estudió en La Salle e ingresó en la Academia Militar en 1954 donde coincidió con el entonces príncipe don Juan Carlos. Y pasó, a lo largo de su caudalosa vida, por numerosos destinos militares: Tercio Sahariano de la Legión, Regimiento de Caballería de Pavía en Aranjuez, Agregado Militar en la Embajada de España en Londres, Intérprete de inglés en el Alto Estado Mayor con estancias en Jordania y en Corea, Colegio de Defensa de la OTAN en Roma o en el Regimiento de Caballería de Villaviciosa. 

Antonio, sin embargo, a pesar de su vocación militar, siempre anheló que le llegara la edad del retiro para disfrutar de sus tierra y de sus amigos de toda la vida. Era noble, valeroso y con un gran sentido del humor. A veces a uno se le antojaba que donde más cómodo se encontraba era en esas tertulias veraniegas contando sus andanzas de forma despreocupada, sin aspavientos,  siempre con la gracia de un andaluz de genética vasca: le importaba más la anécdota que la categoría. Tenía también vinculación y posesiones, por ascendencia familiar, con la barriada mojaquera de Cuartillas y siempre recordaba el San Antonio que sus progenitores ayudaron a sufragar y que por avatares de la vida se lo llevaron a Barcelona. Antonio quiso siempre recuperarlo para la barriada, pero no fue posible.

Se ha ido don Antonio Unzurrunzaga, militar, pero antes que nada un levantino cabal, un disfrutón de la vida, a caballo entre la disciplina y el desenfado, entre el orden y la utopía; a caballo en Aranjuez y Villaviciosa; a caballo entre Cuevas y Garrucha, sus dos pueblos queridos, como émulo de Sotomayor, a quien tanto gustaba leer. Descansa en paz, Antonio, la playa del Club Náutico estará un poco huérfana sin tí este verano.

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