Adiós al almeriense que afeitaba a Adolfo Suárez
Ha fallecido Serafín Fernández, el sobrino del Flauta, barbero en Conde Ofalia y Eduardo Pérez, donde su hijo continúa con el noble oficio del padre

Serafín Fernández ha fallecido con 90 años.
Almería ha perdido hace unos días a uno de sus últimos maestros de la espuma y el jabón. Se ha ido Serafín Fernández, que tuvo barbería en Conde Ofalia y después en Eduardo Pérez, donde sigue su hijo, del mismo nombre, sigue atendiendo a una clientela fiel, en esa vía angosta que sube desde las Cuatro Calles hasta desembocar en la gran plaza de la Seo almeriense; se ha ido, como digo, Serafín, el sobrino del Flauta que fundó aquella peluquería antigua junto al edificio de Correo, quizá cuándo aún los barberos ejercían de sacamuelas.
Serafín heredó, por tanto, la barbería de su tío y todas las mañanas temprano levantaba la persiana ara atender a los clientes de toda la vida, cuando ese trozo de calle era un espacio bullicioso, un lugar de paso para los estibadores del Puerto que se daban una tregua para asearse y salir a divertirse un poco el fin de semana.Serafín era hijo de Florentino Fernández Malvar, un carguero gallego que se enamoró y se quedó en Almería. Empezó de niño con diez años en la barbería de su tío José García Rodríguez El flauta porque la escuela le provocaba fuertes cefaleas. Su intención inicial era meterse en telégrafos como meritorio, pero el autor de sus días lo condujo por el camino de la barbería al amparo de su tío materno.
Serafín apareció una mañana en pantalón corto por la barbería a fregar con serrín el piso sembrado de matas de pelo y ya nunca se marchó. Pronto se llenaron las paredes de canarios y colorines que alegraban con su trino el arte de afeitar; pronto se colgaron banderines de los equipos de fútbol y pronto se fue haciendo con el oficio Serafín. La barbería tenía tres bancos de barbero dos americanos y uno de madera de la marca Triumph: uno para el Flauta otro para él y otro para el oficial Francisco Corral. A los 17 años afeitó Serafín a su primer cliente, tras meses de ensayo con la barba rala de su tío carnal, hasta pasar por sus manos hábiles miles de almerienses que querían presumir de piel limpia y perfumada y tupé engominado en las tardes de domingo de paseos con la novia.
Por la barbería de Serafín pasaban futbolistas del Almería y funcionarios de Correos, comerciantes atildados y trabajadores portuarios que buscaban un poco de lustre. Allí, junto al kiosco de la música, se entablaban a diario interminables tertulias entre el humo de los pitillo y los sonidos que llegaban atenuados de la calle.
Cuando en 1975 murió el Flauta, el sobrino continuó adelante con el negocio, cerrando los sábados a las tantas y yendo a domicilio los domingos a arreglar a clientes de confianza como el abogado Guillermo Lao que le obsequiaba con un paquetillo de Chéster. El día más exigente fue aquel en el que lo requirieron para que afeitara a la flota americana que fondeó en el Puerto de Bayyana con dos submarinos y un barco de guerra. A bordo de la fragata, con su batín blanco y un cigarrillo en los labios, desde la mañana hasta la noche, 50 marineros yankees pasaron por la tijera. En 1994 decidió Serafín cambiar de local y emigrar a Eduardo Pérez, donde se jubiló y cedió el testigo a su hijo Serafín que aún sigue prestigiando este viejo oficio tras haber sido peluquero de oficiales en Viator. Allí sigue Serafín II, cortando, afeitando, rebajando, como hacía su padre, el barbero preferido de Adolfo Suárez, cuando venía a Almería de vacaciones.