Octavio Díaz Gálvez- Industrial
Adiós al promotor de la caseta de los Díaz
Ayer falleció en su barrio de Los Molinos el incansable emprendedor de los bocadillos de la Feria
Eduardo D. Vicente Llevaba el negocio metido en la sangre desde que siendo niño, antes de acudir al colegio, iba por las tiendas de los barrios repartiendo los embutidos del puesto de su padre. Era un Díaz, un carnicero de vocación, un torbellino de ideas que lo convirtieron desde muy joven en un aventajado emprendedor que jamás se dio por vencido. Le tocó ganar y conoció el sabor amargo de la derrota, pero supo levantarse, sacudirse el polvo como si nada hubiera pasado y responder con nuevos negocios. Octavio Díaz Gálvez fue conocido en toda la ciudad por ser el promotor de la caseta de Feria más famosa de todos los tiempos, la de los bocadillos de los Díaz. Contaba que la idea nació después de conocer a un empresario alemán que un día llegó a la fábrica de embutidos que su familia regentaba en la calle Jesús de Perceval pidiendo permiso para elaborar salchichas en la máquina Cutter que tenían. El alemán era un negociante que se dedicaba a venderle las salchichas de Frankfurt a los feriantes. Cuando dejó de venir, Octavio, que había visto que era un buen negocio porque aquel hombre elaboraba a diario casi cien kilos de salchichas, pensó que podía ser una buena idea explotarlo por su cuenta. Así, en 1968, montó por primera vez la caseta, que aquel año se instaló en la glorieta del Parque, entonces destinada a las actuaciones de la Banda de Música. La primera experiencia fue un éxito, por lo que al año siguiente montó una caseta mayor, esta vez en el anchurón del Parque Infantil. El chiringuito de los Díaz fue uno de los grandes atractivos de aquella Feria y de las que vinieron a lo largo de la década de los setenta. Los hermanos Díaz, que regentaban cinco barracas en el Mercado Central, se implicaron en el nuevo negocio de la Feria liderados por la capacidad de trabajo de Octavio, que convirtió en estrellas a los bocadillos de embutidos, que se hicieron famosos más allá de nuestras fronteras. Hasta la gente que venía de Granada y de Jaén, visitantes habituales de nuestras fiestas, preguntaban por la caseta de los Díaz, que por diez pesetas ofrecía un suculento bocadillo, principalmente de morcilla o salchichas, con un botellín de cerveza ‘Victoria’ o un vaso de vino de Laujar. La respuesta del público fue tan importante que desbordó las previsiones más optimistas que habían hecho los Díaz. En los años de mayor esplendor la caseta llegó a tener un equipo de más de cuarenta empleados trabajando hasta la madrugada. Había noches en las que tenían que ir en busca de Juan Díaz, el panadero de Huércal, porque se terminaban las provisiones, y otras en las que por la imposibilidad de poder tener más pan había que cerrar el puesto antes de tiempo. 14.000 bocadillos El récord de ventas fueron catorce mil bocadillos en una sola noche. Los sábados de Feria eran los días de mayor actividad, cuando no se paraba de trabajar hasta que alguno de los empleados tenía que salir a la taquilla y colgar el cartel de cerrado por falta de género. La nueva Feria con su nueva ubicación y el paso del tiempo acabaron con el reinado de los Díaz, que dejaron de montar la caseta. En el verano de 2013, cuando el negocio de la Feria era ya una leyenda en la memoria de los almerienses, el espíritu inconformista de Octavio lo empujó a reemprender la aventura con la misma ilusión y las fuerzas que cuando era joven.