Isabel Pérez Aguilera
Carta póstuma a Isabel Pérez Aguilera
Lola Pérez Cuadrado
Querida Isabel: Hace una semana que nos dejaste y aún estamos en una nube. Era inimaginable que esto sucediera. No podía ser, no puede ser, nos seguimos diciendo. Pero la realidad nos ofrece lo que nunca hubiéramos querido: tu irremediable ausencia. Hace falta que te hagamos saber el cariño que, en los momentos más difíciles, has recibido de todos nosotros, tus compañeros, tus amigos, tus alumnos, …. Tus alumnos. ¡Qué sentimiento más noble y profundo se veía en ellos! ¡Cuánto te querían! ¡Cuánto te estimaban como profesora! Eras exigente, si, pero te dabas entera, te entregabas cuando estabas con ellos en tu tarea diaria. Les hacías ver con toda la “autoridad” (y el cariño) que era necesario el esfuerzo para salir adelante, y te empeñabas en ello. Muchos te lo agradecieron, te lo han agradecido y demostrado, también con toda su admiración y cariño. Y nosotros, los que fuimos y son sus profesores, nos sentimos orgullosos de ellos. Pero los alumnos no han sido los únicos. Tus compañeros, nosotros, todos los que hemos trabajado contigo, no nos acostumbramos a tu ausencia, a tu pérdida. Te entregaste a tu trabajo. Fuiste incansable, siempre “al pie del cañón”, y… ¡cómo! No va a ser fácil olvidarte. No verte e imaginarte en la sala de profesores, en la entrada y salida de clase, en los pasillos, en la salida hacia el aparcamiento respirando, ya liberadas, porque la jornada en el Instituto por fin había terminado, aunque se prolongara algunas horas más en la casa. Ese ¡hasta mañana! con el que nos despedíamos, … y el encuentro matutino del día siguiente. Tu buen hacer, tu rigor, tu afecto y solidaridad hacia quien más lo necesitaba. ¡Cuánto te vamos a echar de menos! Esta mañana he estado allí, en nuestro Instituto, y se respiraba tu ausencia; hay resignación pero mucha tristeza y pena. No nos merecíamos esto, no te lo merecías. La vida juega malas pasadas y a ti te ha jugado la peor. Ha sido muy pronto, demasiado temprano, demasiado injusto. Ahora solo nos queda el recuerdo, la admiración por tu buen hacer, por tu profesionalidad, por los días que hemos compartido juntos trabajando, luchando, viviendo.