Pepe Bosquet
Todo un genio lleno de sabiduría

Miguel Cazorla El pasado viernes, paseaba por la calle Trajano con mi familia y me encontré con una amiga cuyo cariño, respeto y admiración sincera, hago hoy público, Marta. Pero mi alegría al verla se tornó en un nudo en mi garganta que después de varios días aun permanece. No pude hacer otra cosa que llamar insistentemente a su madre, Lola, para manifestarle algo que por teléfono no pude terminar de decirle, pero que hoy te cuento a ti, querido amigo Pepe Bosquet. Y te lo cuento como a ti te gustaba decir y hacer las cosas, con naturalidad y razonadamente, con una lógica aplastante y un sarcasmo que te daba esa impronta de intelectualidad, propia de una sabiduría popular y una cultura que ya quisieran algunos docentes de la Universidad. Pero como tu decías: “…a lo que vamos”. Pepe, me ha molestado mucho que te hayas ido sin avisarme, sin llamar a nadie, y con lo educado, correcto y servicial, sin despedirte. Nuestra última conversación, en mayo, fue larga y muy sustanciosa, y puedes estar tranquilo que aunque te negué lo que me pediste, ten por seguro que algún día, a lo mejor muy cercano, lo cumpliré, solo por hacerte ese capricho, que yo jamás pensé que iba a ser el último que me pedías. No diré nada a nadie, pero lo ejecutaré cuando las circunstancias lo permitan. Tan solo un apunte, viejo amigo, tengo que reprocharte allá donde estés que me has dejado huérfano, pues a ver quién me va contar ahora la actualidad semanal y diaria con tus contertulios, eras el vínculo perfecto. Quién me va a mirar ese termómetro de sondeo político-social que me transmitías con tanto acierto, quién me va a sugerir tantas ideas y soluciones prácticas con tu visión tan elocuente y particular. Aún recuerdo nuestra ultima conversación donde me hablabas con esa pasión y cariño a tus nietos, a tus hijos y tu Lola de tu alma. Pero no te apures, querido amigo, que ya no estoy triste, solo me siento huérfano y desolado por no haberme enterado de tu partida, pues este ‘hijo postizo’, como tú me llamabas, en los últimos años ha aprendido de ti, como de un padre, valores, ideas, respeto, cariño, bondad, amor a los tuyos, amigo de tus amigos, comprensión, aastucia, intuición, saber hacer los difícil sencillo, y tantas cosas... No sé si en mi vida me encontraré a alguien como tú. Lo dudo, pero solo le pido a Dios que, si así fuera, pudiera disfrutar de él mucho mas de lo que he podido hacer contigo, pues ahora me arrepiento de no haber estado mas tiempo contigo. Pero no te preocupes, amigo-padre Pepe, guardaré como un tesoro, en lo mas profundo de mi corazón, el timbre de tu voz, tu sonrisa, tu enfoque particular creativo de la vida y, sobre todo, el cariño sincero que siempre me has mostrado. Una sola cosa más. Aunque continuaremos cada semana hablando, como era nuestra costumbre, allí donde estés, te pido que hables de política, de la vida, cuenta tus chistes para hacer mas dulces las cosas difíciles. Pero sobre todo amigo-padre Pepe Bosquet, no te olvides de hacer de Angel Guardián de tu esposa, de tus hijos y de mi, diciendole a ese Dios junto al que estás, que nos protega, ayude y ampare en toda nuestra vida.