Diego Fernández Muley
En recuerdo a mi hermano Diego
Mª Carmen Fernández Muley

El 17 de mayo de cada amanecer nuevo, tu nombre riela en el cielo que brama incandescente, grabanado tu nombre a fuego, cinco letras ya sagradas, culpidas en mis adentros, nombre que silba el susurro y murmura el firmamento, admiración de una hermana en honor a mi hermano Diego. Estrella que alumbra, ilustras mi ocaso, que borras tristezas, que borras quebrantos, que cada anuario por el mes de mayo,17 rosas, pues no te olvidamos, perdura tu estrella, vuelve a visitarnos. Es tan fuerte tu ausencia hermano, que mi pena, la que te siente aún aquí, devasta mi corazón… Dice la canción y escribo yo, siempre cuando me quedo sola, de tanto que te añoro, me da por escribir. La estela de tu recuerdo nunca se enfría y sin pensarlo mi mente, tararea sin apuro, alguna estrofa en tu nombre de manera confidente. Mi alma se me revuelve, desafiando al consuelo, desnudando la tristeza en el trascurso del tiempo. Porque es tan difícil sentir, percibir lo que siento, porque es tan difícil habitar, soportar el desconsuelo. “Sin Ti, Nada será Igual”, se desataron los cercos que protegían a mi estrella, tornándose en desaliento, le pregunto a mi tristeza, solo me contesta en sueños, sólo en sueños me contesta. Eutanasia de una vida, languidez que con asombro, interludio de un requiebro, que cada año muere un poco. Seis lanzas en la ladera, de mi alma que es de arena, lanza por año que pasa, con sordidez y con pena. Cuando yo quiero esconderme, de este mundo fariseo, vuelo presta y me refugio, al árbol de tu recuerdo. Cada rama es una etapa, cada hoja un requiebro y del néctar de sus flores, para serenar tu falta bebo. Esos días que estoy sola y cuando triste me encuentro, corro presta y me refugio, allí libero lamentos. Sus hojas me dan cobijo y en su sombra, yo me acuesto, me contagia su frescura, me alivia este tormento. Tormento de no tenerte, cada año es un invierno. Se fueron las primaveras, de los sencillos momentos, “Sin ti ya nada es igual”, sin ti ya siempre es invierno. Me decepcioné ese día, que tú marchaste tan lejos, menos mal que aún me queda, el árbol de tu recuerdo. Gigante como tu risa, sus brotes rozan el cielo, aventajan a las nubes, como el amor que te tengo. Con él me acuesto y levanto, conmigo lo llevo puesto, forma parte de mí ser, mi vestimenta, mi lecho. Que me ayuda a caminar, en este bosque tan denso, de hierbas malas y buenas, tallos espinos y terciopelo, me enseñaste a distinguir lo que es malo de lo bueno, tú me enseñaste senderos en un laberinto incierto. Te lloro y te lloraré, tú fuiste un hermano bueno, hermano de cuatro hermanas y las cuatro te adoremos, sin olvidar a mamá, que suspira sin tus besos, besos de hijo adorado, tan solo ya en su recuerdo, pena que la está matando, tu falta es un tormento. Fuiste un hermano especial, virtuoso y gran linaje, paladín de tus hermanas, hijo adorado entrañable, vínculo de la familia, un ejemplo respetable. Con música de silencio desde que tú te marchaste, las nubes cubren mi cielo, para tornarse en suspiro, que lloran mi desconsuelo. Siempre lloraran las nubes, siempre cubrirán mi cielo, siempre, en himno a tu memoria, siempre mostraran su duelo. En la libertad de mi mundo, donde toca el desconcierto, actualidad donde faltas, solsticio de crudo invierno, evitando el deterioro de escenario, desconecto, todo lo que me rodea, mis pautas y vivencias que delega en sueño eterno, gozando de la quietud y liberando argumentos, barrotes de atrevimiento, que reduce y aminora, que modera mis lamentos y evocan en mi interior, en espacios de silencio. Y ocurre que a veces, a veces ni puedo, casi perfilar palabras, casi llego al desaliento, físico y espiritual, nadando de mil maneras, buceo a la claridad, nitidez de tu sonrisa, rompiendo los elementos, sobre las nubes volando, a esto no tengo apego, fluyendo por los caminos que tú me marcaste Diego. Me sobran las pertenencias, me quedo con tus anhelos, renuncio a lo material, me quedo en este momento, homenaje singular, distinción a mi hermano Diego. Yo me miro en tu espejo que explosiona confianza y despoja mis desvelos. Ese momento inefable, que suelto mi alma al viento y hasta aquí trae el ciclón, el viento de tu recuerdo. Puedo morir en esta vida y nacer en tu recuerdo, pues la noción de tu falta, me da sensación de vértigo y el sufrimiento despliega la bandera del silencio. Meridiana claridad arraigada a tu recuerdo, manifiesta inquietudes y despierta de mis sueños. “El viaje de esta vida, de rechazos y deseos, de anhelos y de renuncias, océano de silencios”.