Josefina López Sánchez
Se encendió una estrella
Gezabel Ávila

Cuando esta noche de domingo miro al cielo una semana después de que “nuestra mami” nos abandonara me doy cuenta que hay una estrella que brilla más que las demás, que me protege, que me guía ahora que la familia se ha quedado sin ese punto de referencia. Esa luz no puede ser otra que la de los destellos de esos trajes de lentejuelas que ella tan bien lucía, del reflejo de su bondad y su carisma, y si me pierdo entre el silencio de la noche escucho pasos de baile, de un eterno pasodoble que ahora estará bailando entre las nubes. Veo una mesa larga los domingos, una mesa con mucho ruido, mucha comida y sobre todo mucho olor a familia, olor a hogar. Y qué brillo más hermoso que hace que en mi recuerdo no quede nada de ese lento dormir que hemos sufrido durante los últimos años, el carrete de mi memoria está lleno de tardes de meriendas en la piscina, que era más nuestra que suya porque ella nos lo regalaba todo, anécdotas entre las flores de sus macetas, las que regaba más que con agua con alegría y amor. Los que vivimos y conocimos a esa “mami” sabemos que ahora está más cerca que nunca de nosotros y así recordándola olvidamos la pena y disfrutamos de su eterna presencia, pero los que no pudieron tener esa suerte se lo tendremos que contar, así que para mis primos más pequeños les dedico estas líneas, para que algún día las lean y sientan cerca a esa abuela generosa, humilde y buena. No hay tristeza, ni oscuridad que pueda apagar tu luz. HASTA SIEMPRE MAMI.