Carmen Sebastián, viuda de Góngora
Partió ayer a la casa del Padre con la misma sencillez con que vivió sus muchos años
María Cassinello

Durante mis vacaciones llamé varias veces a su nuera Mayte, para saber de ella. A sus noventa y seis años vivía plácidamente en su casa rodeada de sus hijos y nietos, unos porque vivían junto a ella y otros por tener su estudio de Arquitectura en el mismo edificio, un estudio que comenzó su marido Antonio Góngora, Arquitecto que ha dejado una gran huella en nuestra Ciudad, huella que continúan sus hijos. Disfrutó de lo mejor que una madre puede desear, vivir todos juntos. Sabía ella que con noventa y seis años no podría durar mucho, pero Carmen estaba preparada para ese momento de partir, mujer de Fe, que practicó en silencio porque ella hacia las cosas así, en un silencio fructífero, religiosa, cumplidora de sus deberes y obligaciones supo educar a sus hijos en la Fe que ella profesaba no con muchas palabras, Carmen era mujer silenciosa, pero si, con un gran ejemplo, que han sabido seguir ellos. Generosa, y practicante de la Caridad, en las Parroquias a las que perteneció a lo largo de su vida San Pedro, San Sebastian,… ha dejado su huella caritativa en todo momento. Los que la conocíamos también sabemos que la Esperanza en un mundo mejor alentó su vida en estos largos años que Dios le concedió, en los que calladamente fue el centro de las familias que sus hijos fueron formando. Dios fue generoso con ella, y ella le devolvió a El cuanto estuvo en sus manos. Yo hoy destacaría también su Prudencia, porque en todo momento fue mujer prudente que con su corazón puesto en Él, supo calladamente llevar y cumplir con todas sus obligaciones, de esposa, madre y ya con una ternura especial de abuela y en sus últimos meses de bisabuela de una preciosa niña.. Esta mañana, en su funeral, todos sus familiares y amigos le dimos lo mejor que podíamos darle, un gran recuerdo junto a un sentido adiós, y como a ella le hubiera gustado una Eucaristía sencilla, en la que nos unimos al Sacerdote que la presidió, D. Esteban Belmonte, esta fue su despedida para ella, que ya esta disfrutando de Dios, su mayor regalo, fruto de su obrar y vivir tantos años día a día unida a Él. Es fácil resaltar lo que Carmen fue, practicó, con toda sencillez, las tres virtudes Teologales, Fe, siendo una gran creyente, Esperanza, esperando en la Vida Eterna, y Caridad ayudando a cuantos la necesitaron. Supo educar a sus hijos y ser un ejemplo para todos ellos, también para las nuevas familias que se iban creando al casarse estos, hoy sus hijos, nueras, yernos y nietos la despedían con lágrimas, pero yo se que su recuerdo será siempre un gozo para todos ellos y cuantos la conocimos. Nuestro mayor deseo es que descanse en Paz, que será mayor que la que disfrutó en vida, y supo contagiar a cuantos la conocimos.