La Voz de Almeria

Obituarios

Victoria Rodríguez-Arias Hernández

Buena maestra y mejor persona

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Hay personas que en su paso por la vida dejan una huella o una estela que es muy difícil de borrar con el paso del tiempo. Es el caso de Victoria, que nos ha dejado el 2 de agosto a los 58 años, después de una lucha enconada, con la ayuda de su familia, contra esa enfermedad canalla, que también comienza por ‘c’. Ciertamente parecía que podría ganarle la batalla a la enfermedad con esas ganas de vivir que mostraba en cada segundo, pero por desgracia no ha podido ser así. De su trabajo como maestra se han beneficiado gran cantidad de generaciones que han pasado por sus aulas y que le están muy agradecidas ya que es importantísima la labor en esos primeros años de escolaridad, son los años de los rudimentos básicos, de las primeras letras, el aprender a leer y escribir, nunca olvidarán a esa persona que les introdujo en ese mundo que a muchos ha llevado a realizar estudios superiores y que siempre recordarán a su primera maestra, a la seño Victoria. Todas esas generaciones hablan de su profesionalidad, de su buen hacer, de su cariño con los más pequeños y de su firmeza también porque se educasen lo mejor posible en todos los aspectos. En el tanatorio de Garrucha se podían ver a varios de esos alumnos compartiendo los últimos momentos con ella. Varios lugares se han aprovechado de su maestría pero fue en Garrucha donde echó el ancla y decidió que fuese su destino definitivo como profesional. Junto a esa faceta como profesional de la enseñanza habría que destacar sus grandes cualidades como persona, a la que encontrabas siempre que la necesitabas, y a su gran afición por el mundo del arte, sobre todo en lo referente a la pintura, que se refleja en los cuadros que ha dejado para la posteridad. Precisamente cuando se habían jubilado, ella por enfermedad y su esposo Salvador por la edad, cuando tenían ya sus dos magníficos hijos, Marina y Francisco, sus profesiones enfocadas y podrían haber disfrutado de la vida, aún jóvenes, es cuando aparece la parte cruel de esa vida dando un zarpazo mortal a esa extraordinaria familia. Junto al tesón que ponía la misma Victoria por aferrarse a la vida, hay que destacar la labor de Salvador, encomiable y con una entereza sin par, que se ha volcado totalmente en la posible recuperación de su esposa. Y qué decir de sus hijos, Marina se deja cualquier ocupación y se pega a su madre siendo un pilar importante también, sin olvidar a Francisco, que desde su condición de médico en Granada ha hecho todo lo posible para intentar que su madre saliese de esa terrible enfermedad. Pero ella seguro que espera que os sigáis aferrando a la vida. Salvador, no olvides tus aficiones y estoy convencido de que verás ventanas abiertas ahora que se te ha cerrado una puerta. Enseñaste a volar y soñar a muchos niños, ahora vuela y sueña tú,Victoria. Con todo el cariño del mundo, ¡descansa en paz!

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