La Voz de Almeria

Obituarios

Francisco León Fandós - el nueve del Atlético Almería

El señor de los goles que llegó del Racing

Tony Fernández

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Dicen que los aragoneses son gigantes y cabezudos. Es verdad, lo pude comprobar en Zaragoza haciendo el Servicio Militar y recorriendo Aragón pegando tiros. Este maño era un gigante como jugador y un ejemplo como persona. Mi padre sentía una devoción hacia su persona sin igual. Mi padre era de Zarra y de Paco León. Les cuento. En mi casa, costaba llegar a fin de mes pero el domingo me mandaba mi padre a comprar el ‘Yugo’ (LA VOZ) al kiosco de Paco. Vivíamos en el centro de Almería y nuestra relación con los futbolistas era casi directa. Una mañana, mientras me tomaba el vaso de leche (no llegaba para el Cola Cao), mi padre me llamó y me dijo dos cosas: “Vamos a llegar tarde a Misa. No te olvides de mirar la foto de Paco León”. Aquel domingo le ví por primera vez el el periódico y, camino del Estadio de La Falange, me recordaba que “El año que tú naciste, el Almería subió a Segunda y casi llegamos a Primera. Los goles de Paco León fueron decisivos”. Encima del armario guardaba mi padre recortes de prensa con fotos de Zarra y de su mítico Paco León. Recuerdo que me recitaba la alineación de aquel Almería (como el Padre Nuestro) y siempre terminaba con los Líz, Quintín, Paco León, Pepe Giménez y Juan Jiménez. Al llegar al Estadio me dijo algo que nunca entendí: “Este no es el Atlético Almería porque ese equipo desapareció”. Ya no recuerdo si era el Hispania o el Club Deportivo. El partido empezaba y estaba yo más pendiente de los niños del Colegio Menor Alejandro Salazar que del terreno de juego. “Mira, ese es Paco León, el que lleva el número 9, el que tiene poco pelo, es amigo mío. Un día te lo voy a presentar”. No recuerdo como quedó el partido, pero me giró y me puso mirando al campo desde esa última fila de piedra del Estadio de La Falange que daba a un campo de fútbol y a un Colegio a la vez. Un día, vino con el Yugo en la mano muy triste. Mi padre era muy emotivo. Me dijo que se retiraba del fútbol su amigo Paco León. Pero no sin antes recordarme que: “No habrá una delantera como Líz, Quintín, Paco León, Pepe Giménez y Juan Jiménez”. Mi padre era camionero y Almería crecía hacia el cielo tirando casas y haciendo bloques... cuando le mandaron ir a cargar hierros para los pilares a Los Molinos. Yo, un niño prudente, me quedaba en la cabina del Ebro mientras mi padre hacía el albarán de carga cuando: “Ven, que te voy a presentar a don Francisco León”. Me temblaban las piernas. Era un mito en casa. Era estar delante del goleador de nuestras vidas. Se acercó, salía de su oficina, me acarició el pelo y me dio la mano con tal fuerza que casi me caigo de culo. A mi padre le brillaban los ojos, y yo, parado impasible viendo aquella estampa de hombre alto, sano y fuerte. Yo me sabía ya la vida y obra de Paco León cuando un día me dijo Rosario, la secretaria de Pedro Manuel, que subía Paco León el futbolista para una entrevista con Eduardo Del Pino. No lo pensé, salí a recibirle. “Don Paco León el goleador de nuestras vidas, ¿verdad?”. Se quedó parado y me dijo: “Nos conocemos”. Yo le respondí: “más de lo que usted se cree”. Pasados más de 40 años después de nuestro primer encuentro. Nos paramos junto a la fotocopiadora y le recordé a mi padre, su almacén de hierros en Los Molinos, nuestro primer encuentro, sus tiempos de goleador... Le brillaban los ojos como aquél día a mi padre recordando aquellos tiempos. Creo que era después de los Juegos Mediterráneos y con motivo de un homenaje del Almería, a aquellos mícos del ascenso del 58. No me recordaba, eran muchos años, pero me dijo que: “Yo en Almería soy feliz. Aquí tengo mi casa, mi familia... la gente me quiere”. Era el mismo: alto, sano, fuerte, con ese acento entre maño, cántabro y almeriense. Recordamos aquellos tiempos de su Atlético Almería y le dije que mi padre le adoraba y que en casa se guardaban recortes de sus goles. Fue un placer conocerle dos veces, don Paco.

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