La Voz de Almeria

Obituarios

Miguel Garrido Peralta

Un maestro de la medicina que nos ha dejado

José Jiménez Pérez. Catedrático jubilado de la Facultad de Medicina y Hospital Reina S. de Córdoba

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En esta última Nochebuena falleció el ilustre médico y profesor de Medicina Interna Miguel Garrido Peralta, catedrático jubilado de la Facultad de Medicina de Sevilla y el Hospital Virgen Macarena de Sevilla. Me parece procedente destacar algunos aspectos de su vida profesional de médico y de profesor. Estos son sus enormes vocaciones de médico y de docente, que le hicieron seguir atendiendo pacientes hasta hace pocos meses, y también mantener el contacto con sus antiguos colaboradores todo este tiempo. Su maestro, al que siempre recordaba, fue Carlos Jiménez Díaz. La valía de Miguel, como buen médico, era bien conocida donde ejerció la profesión y fue fruto de su inteligencia y de su capacidad de trabajo y de estudio. Con respecto a su inteligencia, tengo que decir que una persona tan importante como Juan del Águila Molina, almeriense ilustre y creador de la actual Cajamar, me dijo no hace mucho que Miguel era la persona más inteligente que él había conocido. Desde el punto de vista de la Clínica, en mi opinión destacaba su gran capacidad para valorar los diferentes datos que se recogen en la historia y exploración clínica,s y después resumirlas de forma que de ese resumen, con gran frecuencia, saltaba a la vista el diagnóstico. Lo demás era confirmar. A poco de conocerlo, hace muchos años, me percaté de su fuerte inclinación docente, lo cual no es raro en las personas que tienen mucho en la cabeza y sienten la necesidad de transmitirlo. Como buen catedrático y maestro, tuvo muchos alumnos; es decir, supo convertir su cátedra en una escuela de Medicina. A sus discípulos no sólo nos enseñaba Medicina sino que también nos daba consejos orientativos sobre nuestras vidas profesionales. Un rasgo que a mí siempre me pareció impactante era su altura de miras. Altura era una palabra que no se le caía de la boca. Está claro que con ella en la mente orientó su carrera y aconsejó a sus discípulos. Como comenzó su magisterio siendo muy joven (a mí sólo me llevaba nueve años y medio) a veces chocaba un poco que él tuviera un discípulo tan mayor o yo un maestro tan joven; lo último es la realidad. Atendió también la investigación y en Sevilla, entre otras cosas, organizó una unidad de investigación y estudio de la osteoporosis de gran prestigio. Una vez que fui a Sevilla, me comunicó la idea que había tenido sobre fundar una Sociedad Andaluza de Medicina Interna; así se hizo colaborando él activamente en su inicio aunque declinó ser el primer presidente. Es la conocida SADEMI. Y no quiero terminar sin referirme y destacar su ilimitada generosidad y su cariño hacia Almería. Desde hace algún tiempo gustaba contar los años como vueltas al sol. Él, afortunadamente, le dio muchas vueltas aunque han sido pocas para los que lo queríamos y admirábamos. Descanse en paz.

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