Domingo Rodríguez Carreño
Carta de Juan
Juan Martínez García

Querido Domingo, hace muy poco tiempo que nos dejaste y no sabes lo que te echamos de menos. Solo pude conocerte unos meses porque nací en febrero y tú nos dijiste hasta luego en mayo, pero esos días, cada vez que mi mami me llevaba a tu casa para verte, pude apreciar el enorme cariño que sentías por mí cuando me cogías en tus brazos y sonreías ante las carantoñas que yo hacía. Estoy convencido de que si estuvieras con nosotros me hubieras enseñado muchas cosas, y hubieras disfrutado viéndome crecer, gatear, dar mis primeros pasos, bailar, y pronunciar mis primeras palabras, como lo están haciendo Conversión y Anabel, pero yo sé que, desde el Cielo, cada día nos observas a todos y que tu sonrisa aparece en tu cara cada vez que hago una travesura o que ves como, poco a poco, me voy convirtiendo en un ‘hombrecito’. Sé por mi mami que ni en tus últimos momentos, cuando estabas en el hospital en Murcia, te olvidaste de mí. Nada más entrar a verte le devolviste una enorme sonrisa y preguntaste “por el niño”, y quiero que sepas que, por mucho tiempo que pase, yo tampoco me voy a olvidar de ti, porque ella y mi papá se van a encargar de recordarme quién eras, y de enseñarme las fotos que tenemos juntos en tu casa, y en la Fuente el Cañá el día de las meriendas. Ahora que se acercan las primeras Navidades sin ti, todos te vamos a recordar más que nunca, pero sobre todo Conve y Anabel, que no se despegaron de tu lado ni un instante y que lucharon, como tú, hasta el último momento. Yo sólo te hago un encargo, que desde el cielo sigas velando por ellas y les envíes fuerza para poder afrontar la vida tras el enorme vacío que has dejado con tu rápida partida. Fuiste una buena y gran persona y espero parecerme a ti cuando sea mayor. Muchos besos, Domingo, y recuerda siempre que te queremos, y que no te vamos a olvidar jamás.