Juan Fernández Carreño - El Chatarrero De La Torre Tres
El hombre que tenía hierros en el trabajo y oro en la vida

Juan vivió toda la vida en un bloque de pisos del que hizo su pueblo y en una casa que era su tesoro. Fue de los primeros en pisar la Torre 3 de la Calle Lopán. Un bloque de pisos ubicado en el Barrio de Los Ángeles donde siempre huele a comida caliente en su patio interior. Si los vecinos dicen que se ha ido una bella persona será por algo. Todos le echan de menos y le han saludado con el mismo respeto en los últimos días de su vida que en los primeros; porque Juan, el del octavo, fue un vecino ejemplar que tenía hierros en el trabajo y oro en el hogar. Trabajó mucho para sacar adelante a sus hijos. Nunca les faltó de nada y, con su mujer, Loli, recorrieron juntos ese camino de los sueños humildes y sencillos que poseen las buenas personas. Juan y Loli subieron y bajaron juntos por ese ascensor que llevaba a su tesoro: su casa, su familia. El chatarrero era un hombre cariñoso. Un tipo servicial que siempre echaba una mano en todo y a todos. Su puerta siempre estaba abierta para ayudar al de al lado y su casa era el reflejo de una familia trabajadora. Llegaba corriendo a comer y salía corriendo al trabajo. No había otra cosa en su vida que chatarra y oro. En su oficio trabajaba con los hierros por los que hacía dinero para educar a sus hijos; hoy, hombres de bien. Ellos fueron el oro, su tesoro. Siempre le quisimos en el bloque y le respetamos por su talante cariñoso, amable, cercano, sencillo. Tuve la gran suerte de crecer con su hijo Juan y ahora su nieto, el otro Juan, me quiere mucho, ha salido al abuelo. Se le nota. No olvidaré nunca al chatarrero del octavo y pongo su oficio por delante porque así le conocíamos todos y así le queremos recordar siempre en esa Torre 3 donde todavía nos quedan vecinos de aquellos que hicieron de un edificio su pueblo. En ese patio interior por el que hablaban las vecinas. Asomados al Cielo, miraremos más arriba del octavo piso porque seguro que vas a tener un lugar entre los más grandes. En ese bloque donde siempre huele a comida caliente no faltó nada en la mesa de los Fernández-Maldonado, sus hijos saben bien lo que digo. Son ellos los que mejor pueden dar fe de ello. Su corazón era de hierro y aguantó hasta el final rodeado de los que más le querían, de esa gran familia que formó, de los que más amó en la vida y que ahora le recuerdan como padre ejemplar y abuelo inolvidable. Yo le contaré a su nieto Juan cosas suyas que seguro le van a gustar. Ah, gracias porque siempre me esperabas en el ascensor aguantando la puerta para subir juntos. Y me decías con infinito cariño: “¿Dónde anda tu madre que hace una semana que no la veo?”. Siempre pendiente de los demás hasta en ese ascensor que llevaba a tu casa donde guardabas tu oro, tu tesoro: tu gran familia. El ascensor de la Torre 3 esta vez no paró en el octavo y siguió y siguió hasta dejar a Juan el chatarrero con los más grandes en el Cielo.