La Voz de Almeria

Obituarios

Carta de Alicia a su compañera Salud

Una trabajadora del Hospital de Poniente dedica unas líneas a la vecina de Vícar que murió el martes

Publicado por

Creado:

Actualizado:

Yo no tendría que estar aquí hoy. Anoche me dijiste: “Chiquitica, mañana vengo por ti”. Es la primera vez que me fallas, la primera vez que no me devuelves un turno, nunca me esperé eso de ti y nunca lo esperaré, porque no fue tu culpa, porque tú has sido siempre súper formal, un ejemplo de compañera, pero quien empañaba tu sonrisa y la de tu hija no ha dejado que hoy vinieras por mí a trabajar como habíamos quedado. Hubiera preferido que fueras informal, que me penalizaran por no venir tú, que te hubieras ido a disfrutar con tu hija a lo grande, como os merecíais, que lo estuviérais pasando de lujo, pero no que no hubieras venido por el motivo que ha sido. Quien segó tu vida nunca supo la persona que tenía a su lado, jamás valoró lo que hiciste y hacías por él, porque él no valía la pena, nunca podría estar a tu altura. El día que se cruzó en tu vida, debiste haber cogido otro camino, pero entonces tampoco hubieras tenido esa hija tan maravillosa de la que no dejabas de hablarme y de hablar a todos. La niña de tus ojos, por la que peleabas cada segundo de tu vida, la que era tu razón de lucha, de enfrentarte al enemigo, con la esperanza y la ilusión de que las dos tuviérais una vida mejor de la que teníais, sin tener que convivir con un ser despreciable y sin sentimientos, con alguien que no supo ver la suerte y el orgullo de tener dos mujeres maravillosas a su lado. Hoy todos los que te conocimos estamos consternados. Me cuesta tanto trabajo pensar en ti y hacerlo en pasado. No puedo o no podemos imaginar lo que ha sucedido, es como un mal sueño del que queremos despertar y no podemos. Ese despojo humano, ese ser innombrable que nos arrebató tu presencia, si en algún momento pensó que acabaría contigo para siempre, se equivocó. No ha sido así, porque tu recuerdo siempre permanecerá con nosotros, jamás olvidaremos esa sonrisa que esbozabas y nos regalabas siempre que nos cruzábamos contigo. Daba igual la categoría que fuera, siempre sonreías a pesar de que yo sabía que no estabas pasando por un buen momento. Nunca olvidaré que gracias a ti pude celebrar el cumpleaños de mi hijo, nunca olvidaré los turnos que me hiciste cuando yo estaba mal. Nunca olvidaré que no viniste a devolverme el turno, que te lo cobraré cuando nos encontremos de nuevo o, bueno no, conociéndote seguro que no tendré que decírtelo, ya que tú seguro que te habrás ofrecido primero y ya nadie me volverá a decir como tú aquella frase de “Dime, tesoro”. ¡Oye, innombrable! Mis compañeros y yo jamás te perdonaremos lo que has hecho con nuestra compañera. Si sabías que no estabas a la altura de ella, haber sido hombre y haberte retirado de su lado. ¡Eres un cobarde! Y, a pesar de todo, nosotros siempre llevaremos a Salud en nuestro corazón, nos sentimos muy orgullosos de haberla conocido, de haber compartido horas de trabajo con ella. Salud, seguro que aunque tu presencia no esté físicamente, tu espíritu nos ayudará a llevar las camas cuando se nos tuercen, estoy segura porque siempre has ayudado a todos lo que lo necesitábamos. Siempre fuiste un ejemplo de buena persona y compañera y, como muchas veces te dije: “Salud, hija, si es que lo tienes todo. Eres guapa por dentro y por fuera”. Pero claro, no todos, como mis compañeros y yo, sabían apreciarte como persona. Salud, gracias por habernos regalado tu presencia y esa inmensa sonrisa. Los que aquí nos quedamos jamás te olvidaremos.

tracking