De periodismo y periodistas almerienses

La profesión se polariza en la provincia (y en España): más hooligans, menos neutralidad

Una rueda de prensa en Almería.
Una rueda de prensa en Almería.
Manuel León
21:22 • 02 nov. 2022

No se puede ser hooligan -mejor dicho, no se debe, por respeto a ustedes- con un teclado entre los dedos. Una cosa es ir al fútbol a animar a un equipo y otra ser forofo de una opción e influir en los demás con orillada escritura. Se está extendiendo cada vez más en Almería, como una mancha de aceite de Tabernas, el periodismo de parte, esa vieja prensa de partido que ahora encuentra acomodo en las redes sociales, donde todo vale. Ya no hay caciquismo gimenista, ni fuentista, ni está el Sindicato de las Tres Efes que en un tristás montaba un periódico cuando había que ganar unas elecciones cuneras.



Es verdad que ya no existe todo eso. Pero sí hinchas que ejercen el periodismo como si estuvieran en una grada de preferencia, animando a su equipo y cagándose en los muertos del árbitro. No se es más articulista progresista por encomiar full time lo que dice Juan Antonio Lorenzo o Adriana; no se es más cronista de orden por enaltecer a tiempo completo las acciones de Labella o Margarita. Hay siempre alguna pluma que se olvida de escribir de la suciedad en las calles, aunque esas calles estén empercutidas o de la pestilencia de Las Almadrabillas; hay siempre algún bolígrafo que obvia reconocer un trabajo municipal bien hecho como, por ejemplo, la calle Pósito.



Entiendo que el ejercicio de informar o de opinar es como un celibato en el que hay que intentar portar la tonsura de la equidad, aproximarse a ella con humildad franciscana aunque no se consiga, no con la soberbia intelectual del que piensa que los ‘suyos’ son inmortales. Un informador o un opinador puede tener ‘suyos’ de puertas para adentro, pero no  cuando narra, cuando relata, cuando junta sustantivos con adjetivos. Frente a los fans de partido que ejercen un periodismo cómodo y previsible, los templados están mal vistos, su tibieza es sospechosa porque no escriben con el carné entre los dientes; son los periodistas sin encasillar, que no genuflexionan, que infunden desconfianza, a quienes nadie aprecia demasiado porque no mueren por nadie. “Quién es este suave”, dirán los gobernantes u opositores ante el repaso de la prensa mañanera. Se echan en falta en la prensa almeriense más matices, menos blancos y negros, más duda y menos doctrina, porque se puede discrepar, de vez en cuando, hasta con quien te paga. Pronto habrá elecciones municipales y comprobaremos cómo florecerán por primavera en la provincia unos cuantos Boixos Noirs y Ultrasur como capullos en flor.









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