No, Sánchez no es Boris Johnson

Boris Johnson intentará lo imposible para sobrevivir, pero me parece que ya está sentenciado

Fernando Jáuregui 09:00 • 08 jun. 2022

Qué duda cabe de que una figura tan... ¿atípica? (por ser suaves) como Boris Johnson tiene dividida a la sociedad británica entre quienes quieren que se marche y quienes lamentan que no se haya marchado ya. Muy pocos le apoyan, aunque haya salido vivo, a trancas y barrancas, de la moción de censura de su propio partido, donde hay muchos intereses en juego. Curiosamente, dos personas cualificadas me compararon en las últimas horas las figuras del despeinado Johnson y del muy atildado Pedro Sánchez: encuentro a bastantes que últimamente aseveran, demasiado apasionadamente, que Sánchez ‘se tiene que marchar’. Sin embargo, pocas cosas me parecen más injustas y disparatadas que intentar una equiparación entre ambos, como hacían ayer algunos comentaristas radiofónicos. Aunque Sánchez vaya, como Johnson, a la baja, que ya veremos.


Perdí una apuesta en una televisión cuando, hace algunos meses, pronostiqué que a Johnson le quedaban semanas en el cargo. Ahí sigue. Aquí, en España, columnista hay que habla del ‘pendulazo’, es decir, que se ve venir un cambio de ciclo político, del que los resultados en las elecciones andaluzas serían una primera muestra: las apuestas en favor de Feijóo, que este martes tuvo su primer encuentro parlamentario con el presidente del Gobierno (en el Senado, claro) crecen. Yo diría que estamos ante un rearme en lo que representa la oposición conservadora, mientras el desconcierto crece en la izquierda-de-la-izquierda. Pero, por el momento, no veo tanta desbandada, la verdad, en el principal partido que sustenta al Gobierno, el PSOE.


Pese a la obvia debilidad estructural en la dirección socialista en Ferraz, lo de Sánchez de ninguna manera va a ser, sospecho, como lo de Johnson: el ‘Boris, lárgate’ del cuarenta por ciento de los suyos para nada se corresponde con un sentimiento parecido entre los socialistas españoles. Hablan de los sucesores posibles de Johnson entre los ‘tories’, pero nadie podría avanzar el nombre de un delfín de Sánchez, incontestado, al menos públicamente, en el mundo socialista. Con los aspectos cuestionables que nos ha demostrado tantas veces, Sánchez nada tiene que ver con el ‘premier’ británico, como el 10 de Downing Street nada tiene que ver con La Moncloa, ni la monarquía británica con la española, por muchos paralelismos que se ensayen al respecto. Para lo bueno y para lo malo, la europeísta España está cada día más lejos del Reino Unido del ‘brexit’.



Esto, en todo caso, va de que el jefe del Gobierno español anda, según algunos observadores cualificados y según ciertas encuestas, a la baja, de la misma manera que alguien como Johnson cae en picado. “Dentro de año y medio ni Johnson ni Sánchez estarán en el poder”, comentaba ayer un conocido columnista. Creo que el destino del ‘premier’ es, en efecto, la puerta de salida. El de Sánchez no estoy tan seguro, comenzando porque el descalabro del candidato de Sánchez, Espadas, en las andaluzas no está tan cantado, por mucho que vaya a perder con claridad frente a los conservadores en la principal autonomía española.


Y no figuro entre quienes se dedican a atacar todo, absolutamente todo, lo que hace el presidente español: es preciso aceptar que hay luces y sombras en su actuación, y que la sociedad española está, cómo no, dividida en dos bandos, uno de ellos progubernamental (al menos, del sector PSOE). No como la británica, que me parece mucho más mayoritariamente volcada en contra de su ya digo que ‘peculiar’ primer ministro de lo que la española, por mucho que haya medios y sectores radicalmente críticos, lo está en relación con la figura, de trayectoria tan atípica, de Sánchez.



En España, la partida comienza ahora. Tal vez el ‘veintejota’, el día siguiente a lo que digan las urnas en Andalucía. Quizá tras la ‘cumbre’ de la OTAN en Madrid, que deparará a Sánchez no pocas ‘photo opportunities’. Lo que sí es seguro es que una nueva dinámica política se ha abierto en nuestro país, que hace que no haya veredictos previamente dictados aquí y ahora. En el Reino Unido, en cambio, ya está, me parece, todo dicho: Boris Johnson intentará lo imposible para sobrevivir, pero me parece que ya está sentenciado. Sánchez ha salido de tragos peores, quién sabe.




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