Sabiduría democrática

Cuando uno observa una gran obra arquitectónica de la historia de la humanidad, rara vez se plantea qué vicisitudes pasaron quienes sudaron día tras día construyéndola hasta su culminación. Quiero centrarme en la tumba egipcia KV11, ubicada a orillas del Nilo, en el que vienen a llamar Valle de los Reyes, y construida para el faraón Ramsés III en tiempos de un Egipto en decadencia económica. Allí, en 1165 a.C., un grupo de trabajadores protagonizaron la primera protesta de la historia de la que se tiene constancia. Éstas vinieron acompañadas de paros laborales pacíficos, reivindicando el pago de comida, bebida y enseres prometidos, pero que estaban escaseando, dado que, como indica el llamado Papiro de la huelga de Turín “…Los trabajadores traspasaron los muros de la necrópolis…diciendo: tenemos hambre,...”


Aquellos trabajadores, que se pusieron hasta en tres ocasiones en huelga, fueron consiguiendo sus reivindicaciones con protestas pacíficas, respetando al otro, a pesar de no haber sido respetados, pero esa era su mayor fortaleza, la de la razón desde lo justo, no desde la fuerza.


Cuánto tienen que aprender hoy de aquellos egipcios quienes se agarran a la sinrazón de los brutales disturbios ocasionados, supuestamente, por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél, para reivindicar aquello que consideran justo. Y es que, la protesta no tiene que venir unida al desorden, al enfrentamiento físico, ni al destrozo de los bienes colectivos o individuales. El respeto es la base de cualquier forma de relación interpersonal.



Podemos no puede alentar, dar alas o justificar lo más mínimo actos delictivos a la vez que tiene que conseguir poner orden y velar por los derechos y obligaciones de todos como parte del Gobierno porque, la ambigüedad a la hora de apoyar las salvajadas actuaciones, envalentona a los violentos.


Pablo Manuel debe elegir entre ser perpetuamente incendiario antisistema, o tratar de cambiar el sistema con las reglas que nos damos entre todos que, en una democracia plena, se hace mediante mayorías votadas libremente, porque uno no puede ser gobierno por la mañana y oposición por la tarde.



Decía Aristóteles que “El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”, y al vicepresidente le faltan muchas dosis de sabiduría para no seguir incendiando más a la sociedad.



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