José Ángel Valente, veinte años después

Transcurridos veinte años desde la muerte de José Ángel Valente (18 de julio de 2000), resulta muy difícil hablar en pasado del poeta que llevó más lejos en nuestra lengua “la fulgurante encarnación de la palabra” en la segunda mitad del siglo XX. “Está aquí, entre nosotros, y su presencia nos acompaña en la efímera asomada al mundo”, según escribió Juan Goytisolo.

Mantuvimos una intensa relación de amistad, que comenzó cuando me encargó, por iniciativa de nuestro común amigo José Guirao, la rehabilitación de su casa tras regresar a España después del exilio. A partir de entonces compartimos no solo aquella experiencia, sino que mi estudio pasó a ser un asiduo lugar de trabajo para él hasta su muerte. En ese espacio compartido, el ordenador que ahora utilizo para escribir este texto acumuló en los últimos quince años de su vida sucesivos trabajos de su poesía y de mi arquitectura, que son el testimonio de nuestra amistad, acrecentada con interminables conversaciones en torno al mundo compartido de la creación, como expresión del encuentro entre la palabra poética y la poética arquitectónica.


La obra de Valente mantiene estrechos vínculos con otras formas de la creación como la pintura, la escultura, la música, la fotografía y la arquitectura. Esta dimensión de su trayectoria se completó, una vez instalado en Almería, con sus textos en favor de la ciudad y de sus barrios, planteando la necesidad de que mantuviera la memoria de sí misma, su naturaleza de ciudad de acogida, de cálido refugio. Desde tal posición participó en cuestiones fundamentales, exigiendo la transformación urbanística y social del barrio de La Chanca, la defensa del casco histórico, de la catedral, la alcazaba, el Cable Inglés y el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Destacó el concepto de hospitalidad de la cultura mediterránea clásica, que debiera acoger a los inmigrantes africanos que cruzan el Estrecho huyendo de la miseria. Señaló con precisión los problemas que conducen a la ciudad a no ser una auténtica comunidad y lugar de convocación. Impulsó y dirigió el seminario interdisciplinar “Fin de siglo y formas de la modernidad”, introduciendo en Almería el debate contemporáneo sobre la crisis de la modernidad, tanto en el orden del pensamiento como en el de las artes. El compromiso del poeta con la regeneración cultural de la ciudad fue reconocido por el Ayuntamiento con su nombramiento como hijo adoptivo de Almería, y posteriormente con la habilitación de su vivienda como “Casa del poeta”, concebida como un centro de interpretación de su vida y su obra.


Veinte años después de su muerte su memoria sigue muy viva. Muestra de ello es el recital en su honor, promovido por el Ayuntamiento recogiendo una idea de José Antonio López Alemán, en el que la cantaora Sonia Miranda presenta su disco-libro “9 Cantares”, donde interpreta nueve poemas con distintos palos del flamenco. Este homenaje trae a la memoria el pregón dedicado a la Peña El Taranto con motivo de la celebración de su XXV aniversario, dos días antes de que se le concediera el premio Príncipe de Asturias de las Letras. Para dicho acto escribió el texto “Poesía y canción: El río sumergido”, publicando, días después, el texto “El cante, la voz”, en el que se refirió a una idea esencial de lo poético: “La palabra canta. De ahí que no haya poesía que no sea, en su raíz última, canción.” exponiendo la noción de cultura como producto del mestizaje, en el que “el cante flamenco funde en su singular forma de expresión artística el cruce esencial entre lo propiamente gitano con lo andaluz. Sin esa hibridación no habría cante.”



Su presencia se activa en la exposición “Manuel Falces, alquimista de la memoria”, que se celebra actualmente comisariada por Matilde Sánchez, donde se expone el resultado de sus miradas compartidas en los proyectos “Cabo de Gata. La memoria y la luz”, “José Ángel Valente. Para siempre: la sombra” y “Las ínsulas extrañas. Lugares andaluces de Juan de la Cruz”.


Este año se presenta el proyecto documental y expositivo “José Ángel Valente, escribir lugar” del investigador, ensayista y cineasta gallego José Manuel Mouriño, que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento y la Diputación de Almería y de la Diputación de Orense. Tanto el ensayo fílmico como la exposición buscan explorar el modelo en que determinados espacios, pertenecientes al devenir vital de Valente, han influido en la configuración final de su obra literaria. Será presentado en el próximo Festival Internacional de Cine de Almería.


Presente está Valente en el proyecto de “Restauración del Cable Inglés” que se está ejecutando actualmente, cuyos valores patrimoniales ya defendió en 1998 en su artículo “De la irredención de la provincia” para evitar su demolición y apoyar su declaración como Bien de Interés Cultural. Desde esta perspectiva, el desarrollo de las obras me permite seguir conversando con él y con Manuel Falces, y sentir su apoyo conjunto en la recuperación para la ciudad del ejemplo más representativo de la arquitectura industrial española.


Según sus propias palabras, “Dar testimonio de lo que fue es para mí un irrenunciable deber de conciencia. Pero también, sin duda, un irrenunciable deber de amistad.”



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