Una madre sin su hijo

Górecki nos regala no sólo tres viajes con tres cantos: nos regala tres experiencias bestiales

Constantemente me pregunto qué son la Música y el Arte, cuál es su verdadero sentido, y espero seguir preguntándomelo siempre. Supongo que según pase el tiempo las respuestas irán variando, así me gustaría que fuera. Sé que son preguntas que no todo el mundo se hace, lo sé. Al igual que sé que no a todos nos gusta lo mismo ¡Faltaría más! Pero cuando realmente siento que el Arte puede tocarte...y no me refiero a la piel, no. Cuando siento que puede tocarte aquello que ni siquiera tiene forma, sólo me queda una salida. Compartir qué es esto para mí ¿Cómo puedo guardarme algo así? Aparte de algo de compresión (que he de reconocer que no me interesa en especial), quizás consiga también que alguno de los que puedan leerme o escucharme, lleguen a sentirse un poco como yo. Eso sería algo precioso.


Hoy me aventuro con una obra un tanto diferente al resto, que va a requerir de vosotros una exigencia mayor. Primero por una cuestión de tiempo. El ritmo que llevamos en la vida es abrumador, por desgracia yo formo parte de ese quehacer frenético que no me permite disfrutar de ciertas cosas. Y la contemplación de lo bello, del Arte, la búsqueda de uno mismo...no caben en la actualidad. De hecho a pocos pueden interesar estos asuntos. Aún así creo que a veces son necesarias ciertas excepciones, y por eso hoy os pido una hora de reloj. No sé quién estará dispuesto a reservarla para la escucha, desde luego creo que quien lo haga no se va a arrepentir. Hoy nos acercamos a la Sinfonía 3 de Górecki, conocida como la Sinfonía de las Lamentaciones.


Esta pieza no se compuso hace tantos años, fue en el año 1976. La fecha de composición no es el único distintivo con lo que os suelo plantear aquí, también su estilo. No pretendo enmarcarlo, no soy quién, ni tampoco me parece interesante... pero si habéis escuchado las sugerencias que os he ido haciendo y hoy os adentráis en esta sinfonía, cosa que espero, veréis que existe algo diferente.





Muerte, de Márta Máñez.


Reconozco que para escuchar esta obra tenéis que estar dispuestos, más incluso de lo habitual, si queréis que os pueda causar algún efecto. Es una Música que avanza muy lentamente durante todo el espacio que ocupa. Avanza de una manera que pueda parecernos estática, es una de sus peculiaridades. Górecki consigue una extraña quietud, calmada, sosegada, dolorosa a veces pero que nos deja un poso que reconforta. Sus tres movimientos están centrados en tres cantos cuyos textos giran entorno a una misma idea: el dolor de una madre ante la pérdida de un hijo ¡Menuda temática! El texto del primero pertenece a una canción polaca del s.XV que habla sobre la virgen María y Jesús; en el tercero, las palabras están tomadas de una canción folclórica, en la que una madre sufre la muerte de su hijo, cuyo cuerpo además no sabe dónde está; y el segundo movimiento es el más famoso y su letra quizás sea la más desgarradora, puede que por su cercanía. Canta la soprano las palabras escritas en una cárcel de la Gestapo en 1944 por una joven de 18 años. Górecki quedó fascinado al descubrirlas, ya que debido a su juventud no exigía venganza, ni reflexionaba sobre el destino. Sin embargo, a la chica le preocupaba el dolor de su madre y su desesperación tras su propia muerte. Sin duda algo asombroso...la capacidad humana. Con todo este dolor recogido en las palabras, el compositor construye una Música impresionante.


Hoy echo de menos más que nunca esa butaca que no tengo, sé lo que voy a escuchar y quiero estar lo más cómodo posible. Me lo tomo casi como una meditación, porque esto es realmente especial. Busco un rincón cómodo y me aseguro de que cuando voy a escuchar, estoy totalmente abierto, intento liberar mi cabeza de aquellas preocupaciones que todos tenemos. Porque lo que Górecki nos regala no son sólo tres viajes con tres cantos. Nos regala en realidad tres experiencias bestiales. Donde no existe la prisa, ni lo banal. Es todo profundidad y luz en la oscuridad. Son nostalgia y tristeza totalmente llenas de esperanza. Es un viaje sensorial, un baño de sonidos, una introspección al epicentro de uno mismo. Es la trinidad que os describí: Belleza, Dios y Arte, eso es esta sinfonía...lo digo sin titubeos. Totalmente convencido de su poder. Así la vivo, así la escucho. Mi cuerpo y mi mente reaccionan a ella claramente, es algo precioso. Sólo espero que vosotros decidáis permanecer abiertos, os liberéis de los pesos innecesarios del día a día y os permitáis regalaros una hora de tiempo solos...porque nos hace falta. Ojalá vaciéis vuestro interior con honestidad y os llenéis de esta magnífica obra. 


Para ello, os dejo como siempre con el vídeo en las redes y mi web. Y tras recibir varias peticiones, comparto por primera vez con vosotros una playlist en Spotify, que también encontraréis bajo el hashtag #EscuchandoMúsicaInmortal . Hasta ahora están colgadas todas las piezas de las que ya hemos hablado, y poco a poco iré subiendo más. Espero que así os sea más fácil adentraos en la cantidad de Música increíble que tenemos a nuestro alcance.


Alejandro Aparicio es guitarrista almeriense. Músico fuera de los cánones habituales de la música clásica, destaca por su cercanía con el público en el escenario y su sensibilidad. 


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