“Pongas donde pongas la cámara, Almería es cine. Es cine y literatura”

Fernando Navarro, guionista de ‘Toro’ y ‘Verónica’, debuta en la novela con ‘Malaventura’

Fernando Navarro, durante su visita a la Feria de Libro de Almería el pasado mayo. Foto: Pablo Vara.
Fernando Navarro, durante su visita a la Feria de Libro de Almería el pasado mayo. Foto: Pablo Vara.
Evaristo Martínez 13:10 • 30 jun. 2022 / actualizado a las 13:10 • 01 jul. 2022

Como guionista, Fernando Navarro (Granada, 1980) atesora dos nominaciones al Goya (‘Verónica’, coescrita con Paco Plaza, y ‘Orígenes secretos’, con David Galán Galindo). También ha dejado su firma en ‘Toro’, ‘Bajocero’ y ‘Venus’, lo próximo de Jaume Balagueró.


Este año ha debutado en la novela con ‘Malaventura’ (Impedimenta), una especie de western andaluz cuyos personajes sufren en un territorio mítico que se erige sobre el paisaje almeriense y el cine que aquí se ha rodado.


LA VOZ habló con él durante su visita a la Feria del Libro de la capital.




‘Malaventura’ es su primer libro. Una novela que se construye sobre una serie de relatos con la muerte, la desventura y el paisaje como hilos conductores. ¿Cómo nace?



Nace como una prolongación del trabajo que hago en el cine, como una búsqueda de más historias. Lo que pasa es que yo no sabía, no era consciente, que estaba escribiendo un libro hasta que empecé a ver que todo tenía un elemento en común. Es, básicamente, continuar mi interés en los géneros y subgéneros de la narrativa: el género negro, la literatura de terror, el western,… Es una manera más de seguir contando historias, o personajes que puedo haber contado antes de otra manera en los guiones. 


¿Se quedó algún relato en el tintero?
Empecé a acumular historias que podían, o no, ser películas, que no sé si acabarían encontrando su sitio como posibles películas. Y de repente se acabaron convirtiendo en historias más orales donde la voz era más importante, no que las imágenes, pero sí que la narrativa. Entonces vi que probablemente tenía que tener otra forma. 



La muerte está presente en todas las historias. También hay muchas voces infantiles, bien como narradores o como adultos que recuerdan pasajes de su niñez.

Los niños tienen una mirada sobre la violencia que puede ser ambigua y amoral a la vez. Y las historias partían de esas voces que intentaban volver la violencia amoral pero a la vez tierna. Buscaba eso, esa especie de literatura oral, de leyenda en torno a un territorio mítico, y usar la primera persona para identificarte con personajes brutales, a la manera de Jim Thompson, por ejemplo. De hecho, el libro surge también, de algún modo, inspirado por la infancia, en el sentido que los gustos infantiles, el ‘spaghetti western’ que yo veía de niño, mis viajes a Almería y el cine de terror, que es lo que me ha formado, es lo que crea este libro. De algún modo, es un libro de infancia.


Ese recorrido utiliza el paisaje como un escenario para reinterpretar el western a través de duelos, ajustes de cuentas, caravanas,… Pero la última historia habla del cine como tal, de los rodajes.

Sí, para mí era lo que legitimaba el libro: has estado escribiendo o narrando historias míticas y de repente, en ese momento, la mítica se rompe y ya entra la realidad. Es decir, todas esas historias se filman y la gente que filma esas historias tiene su propia vida. El cine acaba afectando a la vida, los rodajes son rodajes de vida. Este capítulo final disparaba el libro, establecía un juego de espejos entre esas historias, que podrían ser un western, y la vida de los que rodaron aquellos westerns.


Hay mucho Almería, mucho desierto, pero también referencias a otros lugares: Carboneras, Los Escullos, San José. ¿Por qué los ha escogido?

Son sitios a los que voy siempre que puedo. La visión del desierto, de los desiertos de Almería, ha inspirado el libro. Que exista esa tierra genera unos personajes y esos personajes han inspirado el libro. Almería es un lugar al que vengo no solo como turista, nunca en verano, al contrario. Me gusta hacerlo fuera de temporada; tengo familia viviendo aquí y bastantes amigos. 


La visión de estos sitios, el recuerdo de lo que se filmó allí y esa memoria, digamos, un poco sentimental de la pobreza que se vive en toda Andalucía oriental, incluso en Granada, y el olvido de parte de Andalucía occidental, también inspira o detona un poco las historias del libro. 


Usted es de Granada. ¿Cuándo descubre que esos paisajes que veía en películas del Oeste estaban tan cerca, en su tierra o en la vecina Almería?

Fue un shock. Estoy viendo no sé qué ‘spaghetti western’ en la tele… No uno de los míticos de Leone, quizá uno de Corbucci. Entonces una señora enlutada cruza la calle y veo una ristra de pimientos secos. Y a raíz de esa visión, aunque quizás fuera antes, porque el cine y la vida se mezclan, mi padre nos empieza a llevar de viaje desde Granada a esos desiertos. No solo a los de Almería, también a Guadix. Y esos viajes se vuelven algo recurrente, de mi infancia y de mi formación. 


Considero que la tierra almeriense y la tierra granadina son hermanas. Y esas historias bien podrían transcurrir aquí. No puedo decirte cuándo fue pero sí cómo: con esa mirada de aquella señora andaluza cruzando una calle encalada y aquellos pimientos secos.


Las historias de ‘Malaventura’ se ambientan en lugares indeterminados, saltan de una época a otra. Cita Almería pero parece parece que quisiera que el lector construyera su propio espacio.

Es un territorio estancado, como detenido en el tiempo, que no avanza; no es un territorio real pero de alguna manera usa nombres reales. Hay algunas claves: las historias son cronológicas: ves cuando entra el vehículo y deja de hablarse tanto de caballos. Es un viaje por un territorio y una época remota pero cercana. Quería construir esa mítica cercana del cine de terror, donde las ciudades son reconocibles pero también son lugares de fantasía, donde habitan los monstruos. 


¿Qué personajes de ‘Malaventura’ le emocionan más?

El padre de la historia final tiene algo muy vulnerable, muy cercano, de perdedor real, muy alejado del cine. Pero también me gustan mucho los personajes de los dos relatos más psicodélicos de terror: Jacoba y 'Grabiel' por un lado y luego el Guardia Civil de ‘Bisonte’, que siendo un villano tiene algo de personaje vulnerable visitado por los fantasmas. Estos personajes que se acercan más a los géneros que yo quiero, encajan en un tipo de ficción donde me siento más cómodo como escritor a día de hoy. 


Como guionista y como cinéfilo, o como amante del western, ¿qué películas rodadas aquí le mueven más por dentro, le gustan más?

Todo Leone; en realidad, todo el cine italiano. Pero por ejemplo ‘Conan’ es una película, casi un poema épico, que a mí me fascina. Aquí yo rodé ‘Toro’ y David Trueba ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’, que siento muy cercana, porque es de un círculo de amigos míos. Luego David Lean con ‘Lawrence de Arabia’ o ‘El Reportero’ de Antonioni, que es casi un western ácido, con el rey del western ácido, Jack Nicholson… Aunque a mí personalmente me encantan los westerns, sean o no europeos: John Guillermin rodó aquí ‘El Cóndor’, una peli tirando a rara que me gusta mucho. Como ‘Straight to Hell’ del gran Alex Cox, con Joe Strummer, otros dos enamorados de Almería. 


Almería es un gran plató natural que, pese a su historia de siete décadas, parece que aún deba seguir reivindicándose; como si en España no se le reconociera el valor que tiene. 

Yo tengo un proyecto, cercano en el tiempo y del que no puedo desvelar nada, que se va a rodar íntegramente aquí. Es un proyecto muy querido, muy personal, con muchos vínculos con ‘Malaventura’, mucha concordancia, que ya está en fase de localización. 


Es una serie de televisión de terror, que tiene que ver mucho con el mundo de ‘Malaventura’. Cuando la podamos anunciar espero que se vuelva a reivindicar lo que dices: el gran plató natural que es, más horas de sol que en ningún sitio. Pero, sobre todo, Almería es cine: pongas donde pongas la cámara es cine. Es cine y literatura. De algún modo, los espacios desérticos son para mí como mi hábitat natural.


De hecho, ‘Toro’, uno de sus guiones, transcurre en parte en Almería. ¿Fue así desde el principio?

Sí, era un viaje que iba de Málaga a Almería, pensado así desde guión al cien por cien. Cada vez intento, dentro de mis posibilidades, con la modestia o el espacio que le dejan a un guionista, poder rodar cada vez más en Granada y Almería; influir más en los espacios que en la propia historia, porque para mí es más importante el espacio a veces que la propia historia. En ‘Malaventura’ lo hago mucho y últimamente mi tendencia natural es llevarme las historias a Andalucía, a la Andalucía que más conozco. 


Y ‘Malaventura’ tenía que acabar en Almería, tenía que empezar en Almería, es una historia de allí. Es lo más inspirador, contar la historia de mi tierra. Ya te digo, para mí no hay diferencia entre Granada y Almería: son dos tierras hermanas.


‘Malaventura’, por cierto, tiene mucho de terror.

Sí, creo que es un western de terror; de hecho, es un western con fantasmas. Hay momentos ‘lovecraftianos’, brujas, maldiciones,… La literatura de género es la que más leo, y ‘Malaventura’ tiene mucho de eso. También de ‘noir’, de literatura de derribo. Impedimenta edita con mucha belleza pero a veces fantaseo con una edición ‘paperback’, barata, de papel amarillo que huela mal: esa cosa fetichista de que cuanto peor era el papel, más te interesaba. Me encanta la literatura de derribo; los géneros cuanto más fronterizos mejor. 


Me inspira mucho Lucio Fulci, todo lo mediterráneo y lo español; o sea, la apropiación mediterránea de los géneros que no son nuestros, como el western o el terror, es lo que más me gusta, incluso como espectador.


La edición de Impedimenta es una ‘delicatessen’.

Impedimenta es la editorial de unos bibliófilos, cuidan las cosas. Para mí realmente el libro existe porque existe Impedimenta; la existencia de este sello dio el impulso al libro. Y quiero ser justo con los autores: el sello de ‘A lo lejos’ de Hernán Díaz, de Jon Bilbao; libros que siento además que son primos mayores de este libro. No solo está el diseño maravilloso y el talento de Enrique Redel y su equipo: en Impedimenta hay libros hermanos o familiares de ‘Malaventura’.


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