Historia de dos pintoras

Son las primeras pintoras reconocidas

El Prado presenta ‘Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Historia de dos pintoras’.
El Prado presenta ‘Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Historia de dos pintoras’.

En el marco de la celebración de su Bicentenario, el Museo del Prado presenta: ‘Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Historia de dos pintoras’, una exposición temporal que reúne por primera vez los trabajos fundamentales de dos de las mujeres más notables de la historia del Arte de la segunda mitad del siglo XVI.  A través de un total de sesenta y cinco obras, cincuenta y seis de ellas procedentes de más de una veintena de colecciones europeas y americanas, nuestra gran pinacoteca recorre la trayectoria artística de estas dos mujeres, que alcanzaron reconocimiento y notoriedad entre sus contemporáneos, pero cuyas figuras se fueron disolviendo a lo largo del tiempo, como tantas otras.


Sofonisba Anguissola (Cremona,1530-Palermo,1626). Fue educada en la pintura junto a sus cinco hermanas. Vasari visitó a la familia y quedó impresionado con el talento de Sofonisba. Son  numerosos sus autorretratos en los que la joven aparece leyendo, tocando algún instrumento musical o pintando, actividades a las que estaba sujeta una noble de su rango. El estilo retratista de Sofonisba se fundamenta en la representación del perfil psicológico de sus modelos. Su actividad en Cremona también incluye pequeñas obras religiosas, realizadas con el objetivo de satisfacer un tipo de devoción privada. En 1559 fue invitada a la corte de Felipe II gracias a los oficios del duque de Alba y del duque de Sessa, gobernador de Milán. Trasladada a Madrid, ejerció de dama de compañía de la reina Isabel de Valois y continuó realizando retratos. Hacia 1571 se casó con Fabrizio de Moncada, hermano del virrey de Sicilia, donde vivió su siguiente etapa. Tras la muerte de su primer esposo, volvió a contraer matrimonio con el noble genovés Orazio Lomellino, y vivió entre Génova y Palermo. 


Obra
En la exposición descatan sus autorretratos. La estampa de sus hermanas jugando al ajedrez, es mi cuadro favorito de la muestra. Sus retratos de la corte de Felipe II estaban en todos nuestros libros de texto, por lo que no es fácil de argumentar como museo, que su retrato de Felipe II, así como su Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II  fueran atribuidos hasta el siglo XXI a Pantoja de la Cruz. 


Lavinia Fontana (Bolonia,1552-Roma,1614). Pintora italiana del primer barroco y la más importantes de su época, dirigiendo su propio taller, llegando a ser pintora oficial de la corte del papa Clemente VIII. Prueba de ello es que su catálogo es bastante extenso, se tiene constancia de 135 obras suyas, aunque sólo se conservan 32 fechadas y firmadas. Bolonia en aquella época era una ciudad que destacaba por su progresismo. De hecho, la Universidad de Bolonia fue la primera en aceptar a mujeres para que cursaran sus estudios. Hija del pintor  Prospero Fontana, su estilo fue muy cercano al manierismo tardío que practicaba su padre. Ya desde muy joven se hizo un nombre como pintora de pequeñas obras de gabinete, principalmente retratos.


Y es que la mayoría de las mujeres que en esta época se dedicaron a la pintura, aprendieron con sus padres. Además muchas se casaron con otro pintor del mismo taller, lo que facilitaba que pudieran seguir dedicadas a ese trabajo. También es el caso de Fontana, que se casó en 1577, con 25 años, con Zappi, pintor del taller de Prospero Fontana y miembro de una familia noble. Tuvo once hijos con él, quien se encargaba de la casa y asistía a su mujer como ayudante.


En Lavinia Fontana se puede apreciar la influencia de Sofonisba  en su gusto por los detalles y su excelente técnica a la hora de recrear joyas y tejidos. Ambas trabajaron en el mismo contexto, aceptando encargos de particulares y viviendo de sus ingresos como artistas. 


Obra

Maravillosa es su Minerva, la diosa de cuerpo entero de espaldas que abre la exposición. Pintar las nalgas en desnudos  tanto masculinos como femeninos, es  parte de su sello.  La exquisitez de la pincelada en la representación de encajes y joyas en las ropas de la realeza rubrica la marca Lavinia. Sus retratos de niños denotan una sensibilidad especial con la infancia, no en vano su prole debió de servirle de modelo en numerosas obras.


Memoria interrumpida

Cierran la exposición algunas piezas que dan cuenta de la fama alcanzada por las dos pintoras. Las recopilaciones biográficas elogiosas sobre mujeres ilustres fue un género literario que tuvo un notable desarrollo desde el siglo XV. La edición publicada en 1609 por el valenciano Pedro Pablo de Ribera: Glorias inmortales, triunfos y heroicas hazañas de ochocientas cuarenta y cinco mujeres, antiguas y modernas… es un excelente ejemplo que incluye una importante semblanza de Sofonisba, una más breve de Lavinia, además de 843 más de mujeres artistas. Una prueba de la notable fama de Sofonisba fue la visita que recibió unos meses antes de morir en Palermo del joven Antonio van Dyck. Una página del diario de viaje de este pintor y su retrato de la anciana dama recuerdan el emotivo encuentro entre ambos artistas. Lavinia también inspiró textos y objetos laudatorios como una medalla acuñada en Roma en 1611 con su efigie en relación directa con la práctica de la pintura. Y la pregunta queda en el aire: ¿Cómo se explica entonces el Olvido con mayúsculas de ambas hasta nuestros días? 



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