“He sido muy fiel en el concierto de Aranjuez, ahí no se puede versionar”

El próximo 4 de octubre, Tomatito presenta su último disco: ‘Concierto de Aranjuez’

José Fernández Torres, Tomatito, en una imagen reciente, tocando en una de las fuentes de los jardines de Aranjuez.
José Fernández Torres, Tomatito, en una imagen reciente, tocando en una de las fuentes de los jardines de Aranjuez. La Voz

El concierto de Aranjuez es una cumbre de la música. Del Arte, en realidad, con mayúsculas. Es de esas obras que trascienden incluso su propia belleza sonora y llaman a algo profundo en nuestras almas, cualquiera que sea nuestra raza, latitud o cultura. Todo el mundo, en todo el mundo, conoce su adagio; tal vez, incluso lo ha tarareado. Conmueve como un verso y se queda dentro, fácil, tan natural como la respiración o un pensamiento. Pero ahí está la ‘trampa’ del Arte.


Quien quiera llegar ahí, a ese sonido, tiene que recorrer un camino duro y escarpado. Tiene que vivir, tiene que trabajar, pensar, estudiar. Subir una verdadera cumbre. Y cuando llega la cima, aún tiene que seguir luchando para hacerla suya, para ir mas allá de la ‘simple’ técnica. “Es una obra muy difícil para la guitarra”, dice Tomatito, y se queda un momento en silencio.


Aniversarios 
Ha necesitado unos años para recorrer este camino, pero, por fin, el próximo 4 de actubre presentará al público y la crítica su nuevo trabajo discográfico, ‘Concierto de Aranjuez’, en el Corral de la Morería. 80 años después de que Joaquín Rodrigo la escribiera, allá por 1939, y en el 20 aniversario del fallecimiento del maestro, en 1999.


En la grabación, que ha salido bajo el sello de música clásica Deutsche Grammophon, que pertenece a Universal Music, el guitarrista almeriense ha estado respaldado por la Orquesta de la Comunidad de Madrid (ORCAM), dirigida por el maestro Víctor Pablo Pérez.




A pocos días del acontecimiento, estamos junto a la Puerta Purchena, en la oficina de un amigo, y Tomatito se ve relajado, a gusto. Sabe la responsabilidad que se ha echado encima, pero también que ha trabajado mucho, y que, como siempre, lo dará todo. ¿Cuándo comenzó este camino?, le pregunto. Mueve la cabeza, como recordando.


Los amigos
“No sé cuándo me entraron esas ganas de aprender el concierto de Aranjuez”, dice. “Porque su adagio es una de las obras mas hermosas que se ha hecho en el mundo, y lo he escuchado siempre. Ese señor dio con la tecla que toca las fibras del alma a la humanidad”.


“Y sé que no vengo de hacer música clásica pero me dije: quiero hacer eso”, afirma. “Bueno, a lo mejor de oído sí he hecho cosas, muchas versiones de compositores, y me las he aprendido, y visualmente también tengo esa facilidad que tiene un guitarrista... Además, en este caso me han ayudado, sobre todo, dos personas. José Carlos Linares, un amigo de aquí, muy buena persona, que me ponía a cada rato el concierto de Aranjuez y lo escuchaba conmigo. Y José María Gallardo, que es el productor de este disco. Es un guitarrista sevillano, clásico, experto en el concierto (ayudó incluso a Paco de Lucía cuando lo tocó), y me apoyó en el trabajó con la orquesta, junto al director Víctor Pablo Pérez”.


“Pero, realmente, ¿por qué me he enfrentado a este concierto?”. Se encoge de hombros, y de pronto sonríe: “Recuerdo que un día estaba estudiándolo, y vino Carles Trepat, buen amigo y gran guitarrista, que tiene mucha alma tocando. Cuando entró, escuchó lo que hacía y me miró así, como diciendo: ¡Dónde te vas a meter!”.


El Tomate ríe y se mueve en la silla. “Pero es una necesidad... psíquica, que tenemos los guitarristas, imagino”, continúa. “Es como una prueba de nuestra curiosidad. Somos curiosos en la música, en el instrumento, nos da por decir: Oye, a ver si lo hiciera yo. Es como un reto persecutorio. Sufres, pero... palo con gusto no duele”.


La afición
“Y, además, en este caso era un reto para mí, en el sentido de que no vengo de un conservatorio. Es una prueba mas dentro de mi carrera profesional y de cómo veo la música en la guitarra. Soy un enamorado del instrumento. Vivo de ello, pero me gusta mas como aficionado que como profesional”.


Tomatito abre las manos y mira a los ojos cuando habla. “Es decir, profesionalmente, la guitarra es mi trabajo. Pero, en este caso, no lo es. A mí esto me gusta como afición, como vocación, como enamoramiento que tengo de la guitarra, que estoy enamorado de ella, y me lo paso mejor así que de la otra manera. La música es arte. Por supuesto, he invertido mucho tiempo en la guitarra, y si no puedo vivir de ello, sería duro, pero...”.


Le pregunto por la guitarra que ha utilizado para este reto. “Toco mucho con una de Felipe Conde, de concierto”, dice. “Son muy buenas guitarras, pero esto también es complicado. Cada persona tiene una forma de pulsar, una fuerza... Y a lo mejor mi guitarra no le va a otro. Uno tiene la suya, se ha adaptado a ella, ha estudiado en ella, y... Además, incluso las guitarras del mismo constructor nunca son iguales. Es como los hijos, ni siendo gemelos son completamente iguales. Te lo digo: las guitarras de lutier, ninguna sale igual. Tienen una vida propia. El arte es así. El arte una vez mas, amigo”.


Una vida
José Fernández Torres, Tomatito, ha tenido una vida, y una carrera, excepcionales. Desde muy joven ha estado allí, ha respirado en el escenario, en la vida, en la creación, con algunos de los artistas mas grandes de su tiempo. Todos conocemos sus nombres: Camarón, Paco de Lucía... Él lo tiene claro: “Esa vida que dices, mi padre me la dio. Él vio en mí algo, la confianza… Todos los padres ven en sus hijos lo que otros no ven; y muchos padres a veces creemos que los hijos son mas de lo que son. Sin embargo, mi padre vio lo que yo era. No mas. Dijo: ‘Mira, tienes facilidad’, porque tampoco me echó piropos excepcionales”.


“Yo no me di cuenta de eso, pero ahora vivo de ello. De aquel recuerdo, aquella vivencia. Entonces era un juego para mí. Yo tenía 15 años, era un niño, de verdad, y no me daba cuenta. Camarón me trataba muy bien, era como mi hermano mayor. Me decía: “Coge la guitarra, vamos a tocar”. Y yo no estaba preocupado ni de ganar dinero ni de nada, solo quería tocar la guitarra, divertirme y reírme. Y él me cuidó mucho, que mira la edad que tengo y lo bien que estoy, de verdad”, sonríe.


Las vivencias
Tomatito reflexiona un momento. “Sí, he tenido la suerte de criarme con Paco de Lucía y Camarón. Muy poquita gente, o casi nadie, puede decir eso”, dice al cabo. “Es verdad que he tenido la suerte de estar con ellos de cerca, como una familia… Y sin decírmelo, solo observándolos yo, ellos me enseñaron que eran muy rigurosos con la música, y muy inteligentes. Eran genios, y noso­tros surgimos de ellos. Dios los mandó para eso”.


El primer gran concierto para guitarra y orquesta

Joaquín Rodrigo Vidre, marqués de los Jardines de Aranjuez, es, sin duda, uno de los compositores fundamentales de la música española del siglo XX. Quedó prácticamente ciego a la edad de tres años, y desde entonces se dedicó a la música. En su estancia en París, entabló amistad con artistas de la talla de Ravel, Stravinski y Manuel de Falla, y tras una larga temporada trabajando en varios países de Europa, regresó a España en 1939, con el manuscrito en braille del Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta, su obra mas conocida.


La obra fue estrenada el 9 de noviembre de 1940 en el Palacio de la Música Catalana de Barcelona, por el guitarrista Regino Sáinz de la Maza acompañado por la Orquesta Filarmónica de Barcelona, dirigida por César Mendoza Lasalle. Desde entonces, numerosos guitarristas y orquestas la han interpretado en todo el mundo, y muchos artistas de otros ámbitos musicales la han versionado, desde Miles Davis hasta Jean-Christian Michel y Brian May.



Esas son las vivencias, los mimbres que ahora salen en su guitarra. Tal vez sin saberlo, Tomatito acomete esta cumbre porque siempre ha estado entre ellas, porque es la altura en la que aprendió a respirar, el nivel a que está acostumbrado por crianza. Es un curioso de la música, repite varias veces en la conversación. “Es lo que mas me gusta en el mundo, creo que nací para escucharla y hacer lo que yo pueda, en mis capacidades”, dice. “Y he aprendido, en toda mi carrera y mis viajes, que la música no tiene fronteras. Todas las culturas la tienen. Y cuando toco en Alemania, pongamos, la gente se calla, y aplaude, y hace colas. Y luego viene una persona que me dice: ‘He llorado, Tomatito’, por un tema que le ha llegado al alma. Y eso es...”.


El trabajo
Tomatito escucha siempre muy bien al interlocutor, y luego habla bajo, pero mirando a los ojos, con aplomo. Volviendo al Concierto de Aranjuez, le pregunto cómo fue su aproximación a la partitura, al espíritu de la obra... “Enseguida me di cuenta de que tenía que ser fiel a la obra, que no es algo para versionar. No se puede”, dice enseguida. “He trabajado mucho en este concierto, pero desde el primer día lo tuve muy claro: no quise, y no quiero, mover ni un ápice de esa partitura”. Mueve la mano en la mesa, recalcando la idea.


“Hay un refrán que digo siempre: No arregles lo que no está roto. El concierto de Aranjuez está hecho tan precioso, y ese señor lo ha compuesto con… con todo el cariño y toda la fatiga del mundo, como digo yo, que no hay que mover ni arreglar nada”.


El sentir
“Ahora”, levanta el dedo, “que suene un poco diferente porque yo venga del flamenco, de una pulsación flamenca, de una guitarra flamenca, eso es inevitable. Tal vez yo ‘cante’ la música de otra manera, y se vea que vengo de otro sentir musical. Los quejíos, los melismas…”.


Nacido y criado en lo mas profundo del arte flamenco, no es la primera vez que Tomatito se acerca a otros ámbitos musicales. Ha acompañado a Camarón, a Mercé y a Morente, a Duquende, a Carmen Linares... Pero de su curiosidad musical han surgido también sus famosas colaboraciones con Michel Camilo, o sus actuaciones con George Benson, Sinatra, Elton John, Carlos Cano, Carles Trepat...


Ha compuesto música para el teatro, ha actuado en escenarios de todo el mundo, desde festivales en Polonia o Japón, hasta mecas de la música como el Carnegie Hall o el Blue Note. Ha ganado seis Latin Grammy, en tres categorías diferentes (flamenco, jazz y música clásica); y atesora premios como la Medalla de la Cultura, en su modalidad Música, que concede la Comunidad de Madrid; o el Max de las Artes Escénicas, como Mejor Director Musical, por su composición para Romeo X Julieta; o la Medalla de Oro al Mérito  en  las  Bellas  Artes; o la de Andalucía...


Ha incursionado en la música de Astor Piazzolla, en el jazz, en “todas las músicas que me gustan”, dice, como explicándolo todo. “El flamenco y el blues, por ejemplo, tienen mucho en común, porque salen del dolor de un pueblo”. Canta unas notas, apoyándolas con las manos. “Oyes eso y dices: ¡qué riqueza para mis oídos! ¡Y los gitanos, y los mineros..!”. 

Lo especial
Pero tampoco es la primera vez que ha incursionado en el mundo de lo clásico. Desde casi el comienzo de su carrera ha tocado con varias orquestas. En los años 80 con la Royal Philarmonic Orchestra, por ejemplo, junto a Camarón. En 2010 compuso ‘Sonanta Suite’, y la interpretó con la Orquesta Nacional de España, en uno de sus trabajos discográficos mas conocidos y reconocidos.


No obstante, tocar el Concierto de Aranjuez es algo especial. “Desde luego”, asiente. “Es una faceta nueva. Y, además, me moveré un poco por el circuito de la música clásica. Yo procuraré hacerlo todo respetando hasta el mínimo detalle esta obra. Si suena un poco flamenco, bueno, es que soy yo. Pero por otra cosa, no, voy a ser fiel a cada nota”.


Sabe que la dificultad no está solo en la técnica. Que también. “Rodrigo componía con el piano, y por eso hay dificultades en la guitarra; unos saltos y unas cosas… Porque, claro, el diapasón no es el teclado. Hay guitarristas que tienen dificultades para eso, otros no, y hay quien lo adapta un poquito... Pero, como decía, tiene que sonar igual. Eso ya está escrito para guitarra, y está mas que tocado. Hay una digitación”.


Sin embargo, ha tenido que lidiar con otro reto, esta vez cultural. “La cultura musical flamenca tiene mucho de la improvisación, y del estado anímico del momento”, afirma. “Hay una estructura, un principio y un final, y en el medio haces mas o menos lo que tú te vas encontrando por el camino, musicalmente. Y lo que me encuentro en el concierto de Aranjuez, es que ahí, en la música clásica, hay que decir: No, no, las notas tienen que ser esas. Si no, es un fallo. Y claro, me he tenido que acostumbrar también a eso”. Vuelve a levantar el dedo y se inclina hacia delante.


“Que es bueno”, dice. “Hay mas disciplina, que también me gusta, pues, al final, es lo que te hace ser educado. Y, por lo tanto, si aprendes el concierto de Aranjuez como es debido, aprendes una cosa que también te enriquece”.


Ya lo ha tocado en Pamplona, Valladolid y la Zarzuela. Y se siente bien. Tomatito sonríe. Son las cosas del Arte, con mayúsculas. De su vida.

 

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