El pueblo almeriense de los 22 alcaldes

El regidor de Cuevas del Almanzora designa a su tropa de pedáneos

Parte de la nómima de alcaldes pedáneos de Cuevas del Almanzora.
Parte de la nómima de alcaldes pedáneos de Cuevas del Almanzora.
Manuel León
22:38 • 09 oct. 2023 / actualizado a las 22:41 • 09 oct. 2023

Al igual que hubo un vate cuevano que se autocoronó Kalifa de Calguerín, Francisco Guevara es el nuevo señor de la Portilla; y Antonio Perellón gobierna Muleria; y Juan Velasco es sultán de Villaricos; e Isabel Ponce, timonea Palomares; y Juana Martínez es guía de Los Lobos; e Isabel Haro es la Cleopatra de Burjulú; y Ginés Navarro, emir de Alhanchete; y Rosa Rojas monarca de El Martinete; y María Flores emperatriz de Las Cunas; e Isabel Campoy, regidora de Las Herrerias. Y así hasta completar una nómina de 22 alcaldes pedáneos -Huércal-Overa tiene 36- con mando en plaza en las distintos poblados y barriadas de Cuevas del Almanzora. El alcalde de la metrópoli, Antonio Fernández Liria, soberano a su vez del Realengo y El Rulaor, acordó hace unos días el nombramiento de los 22 vecinos que gobernarán a partir de ahora los anejos del denso término municipal de Cuevas del Almanzora, la antigua tierra de la plata, en unos tiempos en los que llegó a ser la segunda población de la provincia  en número de habitantes tras la propia capital. De las 22 pedanías, el regidor cuevano ha nombrado representantes en 17 núcleos de una sola tacada: Alhanchete, Burjulú, Canalejas (Angeles  Silvente), Las Cunas, Grima (Angeles Muñoz González); Guazamara (José Guevara Flores), Los Guiraos (Mercedes Haro Guirao), Ls Herrerías, El Martinete, El Morro (Daniel Guevara Cervantes), Muleria, Palomares, Portilla, Villaricos, Pozo del Esparto (Juana María Mulero González), El Largo (Andrés Pérez Navarro) y Los Lobos.



Otras pedanías con alcaldes aún por nombrar o ya nombrados, son El Calón, Canalejas, Cirera, Pocos Bollos, Las Cupillas, Molino Tarahal o Jucainí. 



Cuevas del Almanzora suma cerca de 15.000 habitantes y casi la mitad de su población está radicada en esos núcleos de población, principalmente en Palomares, Guazamara y la costera Villaricos.



Pero en esos otros caseríos diminutos, que hoy día se conservan como reliquias, perviven aún muchas de sus esencias. Cada uno con sus características, con su razón de ser, con orígenes diversos: unos más vinculados a la calentura minera como Los Lobos o a la actividad agrícola como Guazamara o incluso con un pasado tan remoto y legendario como la propia urbe como es el caso de La Portilla; en cada uno de ellos hay algún elemento original que lo hace distinto a los demás, a pesar de su cercanía. Son pequeños burgos y cortijadas olvidadas por casi todo el mundo, excepto por algunos urbanitas que encuentran, alquilando una casa rural o construyéndose un cortijo, una paz deliciosa. 



Muchas viviendas permanecen desmochadas, como los restos de un barco naufragado, casas familiares cargadas de recuerdos, de donde partieron emigrantes   que ya nunca regresaron, cuyos nietos, con apellidos delatores como Mula o Belmonte o Valero, buscan ahora a sus ancestros a través de páginas locales de las redes sociales; gente que marchó a Brasil o La Argentina y que ya nunca volvieron a Cirera o a Cupillas, a esas aldeas remotas donde nacieron y que, al menos, aún tienen alcalde que los defienda del olvido.



Personajes como Siret y Sotomayor eligieron la paz de las aldeas



Muchos de los personajes más célebres de ese pueblo bajo el alto lomo de la Sierra Almagrera buscaron el silencio de los árboles, y la paz de las noches estrelladas de las pedanías para crear: Sotomayor urdió parte  su obra escribiendo en la soledad de la madrugada sin más vecino que la enorme terrera de Calguerín; como Siret vivió clasificando los arcanos que desenterraba como un zahorí entre el cimbrear de las palmeras y el ulular de los buhos de Las Herrerías. 




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