Almería y el Consuelo: una historia de amor

Procesión extraordinaria de la Virgen del Consuelo para celebrar los 75 años del Silencio

El amor incondicional que es la devoción se mide muchas veces de las formas más inesperadas. Unas, se mide en cantidades (ingentes) de gente arremolinada alrededor de un paso; otras, en las largas colas de los añorados besamanos. En ocasiones, son ramos de flores las que hacen de termómetro del cariño a una imagen y, en otras, el sonido de pies descalzos caminando tras el querer de sus antepasados.


De la misma forma, la devoción por la Virgen del Consuelo se puede medir de muchas formas. Si se me permite la osadía, aquí se les proponen tres formas de pesar el amor de una ciudad a la vecina más querida de Alfareros: alfileres, fotos y sonrisas. 


Extraordinaria



Pasadas las siete menos cuarto de la tarde de este sábado, 21 de mayo de 2022, las puertas de la Catedral se abrieron para lo mismo para lo que lo hicieron 25 años atrás: desde el interior del primer templo de la Diócesis salió la procesión extraordinaria de la Virgen del Consuelo para celebrar el 75 aniversario de la Hermandad del Silencio.


Tras la cruz guía del Silencio, dos filas de hermanos con cirio (y no pocas mantillas) precedían a la representación escueta, justa y necesaria, de la Almería cofrade: miembros de la junta de la Agrupación y hermanos mayores dieron fe de la fiesta del Consuelo.



Y tras la presidencia, Ella.


Con una complicada salida, el palio de la Virgen del Consuelo inundó la plaza de la Catedral (decorada para la ocasión por los Estudiantes) y se empezó a escribir esta historia de amor.



No había salido la Virgen del Consuelo de la plaza de la Catedral y ya se había dejado algo por el camino. De su imponente manto bordado iban prendidos alfileres que más de un devoto cogió para guardar como recuerdo de un día inolvidable. 


Porque la devoción popular es así, incontrolable y apasionada. Demente y acalorada. ¿Para qué quiere alguien coger un alfiler en mitad de la calle? La respuesta cabal da un giro de 180 grados cuando se trata de uno de los alfileres que recoge el manto de la Madre de Dios, hecha Consuelo en Almería. Y ahí va la primera gota de devoción a la Virgen del Consuelo.


Pero hubo mucho más en una extraordinaria que tuvo que combatir un calor sofocante y el contratiempo de coincidir con un esperado partido de fútbol. Pero nada de eso importó.


En Cervantes, más muestras de amor: una petalá de Pasión, y la Virgen mirando cara a cara a las Puras. En Mariana, más pétalos de flores, estos del Rosario del Mar. Y como los guiones están para que los retoque Dios, el Consuelo se salió del recorrido previsto para plantarse en la puerta de las Claras a despedirse de las que fueron, hace unos meses, sus anfitrionas más privilegiadas.


¿Y por qué la devoción se mide también en fotos? Porque ya en el barrio de Alfareros, un hermano que iba debajo del Consuelo había dispuesto en su reja un balcón privilegiado para aquella abuela que le enseñó el amor incondicional en el seno del Silencio. Una foto de esa semilla de devoción vio pasar al Consuelo. Si eso no es querer, ¿qué lo es?


Las sonrisas

Con la Oliva de Salteras tras el palio del Consuelo y la Agrupación Musical Nuestra Señora del Mar (estrenando uniforme estival) abriendo el cortejo, pasó lo que tenía que pasar: el horario se atrasó y quien rodeaba al Consuelo cogió de la mano a una Virgen que brillaba con luz propia. Y la tercera muestra de amor se vio en la calle desde que se abrieron las puertas de la Catedral: sus sonrisas. La de Javi con Gonzalo y su abuelo. La de Luis con Luna. La de Álvaro. La de Juan, don Juan Aguilera y la de los Valverde. Y la de Paco Moya. Esas sonrisas bien valen una extraordinaria. Y eso, sin duda, es amor. 

 

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